quarante quatre

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La semana por fin terminaba y, con ella, otra semana que Jimin se quedaba en casa de Jeongguk también llegaba a su fin.

Ya eran tres.

El mayor mordisqueaba sus uñas, mirando su mochila y su ropa en una esquina de la habitación. Se sentía en casa, pero no era su casa y, en algún momento, tendría que volver a sus cuatro paredes.

Lo sabía muy bien.

La señora Jeon comenzaría a hacer muchas preguntas que no podía contestar por el momento y tendría que volver para evitar problemas.

Volver al abuso, a los gritos y golpes; quién sabe si a algo más. Se le erizó la piel de solo pensarlo e intentó llevar sus pensamientos a otro lado, pero no pudo.

Estaba sumido en sus propios pensamientos cuando su mejor amigo había entrado en escena.

Sin mirarlo, le habló.

—Tengo que irme a casa pronto. —susurró con miedo. —Sé que tu mamá está comenzando a querer saber qué pasa realmente.

—He hablado con ella. —Jeongguk respondió también en un tono de voz bajo, obteniendo una mirada aterrada por parte del contrario. —No, no. No le he contado nada. —se acercó al chico. —Pero, podríamos hablar con ella...

—Ni siquiera lo pienses. No hay manera de que sepa la verdad.

—Jimin, sé que ella lo entenderá. Podemos buscar ayuda.

—¡No es tan simple, Jeongguk! Es la vida real, no una telenovela. —Jimin sé alteró un poco. —Aparte, no es tu historia para contar.

El más alto mordió el interior de su mejilla, a la vez que rascaba su nuca.

¿Tenía razón? Sí, en parte. Era un tema complicado y tomar las acciones necesarias iba a llevar tiempo.

Y no, no era su historia ni su dolor, pero no podía permitir que el chico volviera a donde le habían robado su esencia.

BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora