quinze

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—¿Qué no le puedo decir?

—Solamente no le digas nada, por favor.

Jimin lucía aterrado, realmente atemorizado, provocando que a Jeongguk se le revolviera el estómago, dejando una muy mala sensación. Después de todo, el mayor no dijo nada más, por lo que el menor lo tomó como el fin del tema. Luego de cerrar los grifos de agua, salió de la ducha, en busca de unas toallas. Cuando regresó, envolvió a Jimin en una de ellas, también le obligó a cepillarse los dientes.

La ducha le había sentado bien al de cabello rosado, y el castaño pudo notarlo al ver como podía caminar por sí solo, pero de todas formas le ayudó a llegar a su cuarto.

Buscó alguna prenda que estuviera seca y abrigada, cuando la encontró, se la tendió, dejando que se vistiera. Él repitió la acción. Después, ambos se acostaron.

—¿Te sientes mejor? —susurró, Jimin asintió, jugando con el cuello de la sudadera de Jeongguk, acercando su rostro hacia él dudosamente.

Sus miradas hicieron contacto y la suya bajó hasta los labios de Jimin.

—Bebé, ¿qué haces?

El más bajo negó con la cabeza, pero no se alejó. Pronto sus narices chocaron y sus labios rozaron.

Así se quedaron unos minutos, ambos inmóviles, respirando el aliento fresco del otro y con sus corazones acelerados. Ninguno se atrevió a moverse, hasta que Jimin giró su cabeza y terminó estrellando sus labios contra la mejilla del menor, acurrucándose contra el cuerpo del más alto.

Y poco después, la puerta se abrió.

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BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora