quarante-six

260 37 4
                                        

⌞ ✧ ⌟

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

⌞ ✧ ⌟

Tan congelado como había quedado Jeongguk, quedó Jimin al ver a su madre entrando a la habitación de su amigo; aunque pronto había reaccionado y se había soltado en llanto como no lo hacía hace días.

Se derrumbó por completo, viéndose completamente indefenso en los brazos de ella, buscando un refugio de su propio ser.

El castaño decidió retirarse de la escena con el corazón arrugado y esperó fuera de la recámara.

La mujer apretó a su hijo contra su pecho, dejando salir una que otra lágrima.

—Lo siento por irme de esa forma. —susurró, acariciando el cabello de su niño. —Fui egoísta por un momento y me salvé a mí misma, pero te dejé atrás y me odio por no haberte llevado conmigo en ese momento. —sorbió su nariz para seguir hablando. —Lo siento muchísimo, Jimin, ya no lo podía soportar. Necesitaba tiempo; necesitaba espacio para comprender qué le sucedió al hombre con el que me casé y que alguna vez amé.

Jimin lo recordaba, recordaba el amor que había en su hogar. Recordaba la felicidad y cobijo en esas cuatro paredes. Alguna vez había existido, pero luego dejó de existir, y todo se fue en picada.

Se dejó llorar, mientras su madre le limpiaba la cara.

¿Ella lo sabría? Claro que no, siempre había escondido todos los golpes.

Pero no era tonta, habría notado como algo se rompía dentro de él, día tras día. Al final, las heridas más profundas las tenía marcadas en el alma.

—Te he extrañado por meses. Te he necesitado, mamá, y no has estado ahí. —sollozó, finalmente, soltándola. —He intentado ser fuerte y sobrevivir, pero necesitaba a mi mamá y no estabas.

Tenía tantas cosas por dentro.

¿Rencor? No, él también hubiera huido si hubiera tenido la oportunidad. ¿Rabia? Sí, por supuesto.

—No te fuiste por mi culpa, bien lo dijiste, pero me dejaste con un monstruo. Papá es un monstruo. —soltó rápidamente, rascando sus brazos. —Soporté todo lo que pude, todo lo que hizo. Cada c-osa. —bajó el tono, recordando. —Cada cosa que hizo.

Sus ojos se perdieron por un momento en la habitación, luego volvió en sí. —Y no estabas. Debías protegerme de todo y te fuiste, dejándome con él, sabiendo que me odia por lo que soy. —se limpió las lágrimas con impotencia. —Me alegra que sus golpes los recibiera yo, y no lo tuvieras que hacer tú; pero si no me hubieras dejado. —pausó. —Si me hubieras llevado contigo, yo tampoco conocería el dolor que causan sus puños.

Sintió su alma un poco más ligera y se abrió paso para abandonar la habitación, con la respiración acelerada y las manos hormigueando. Necesitaba caminar. Necesitaba perderse y calmarse.

Jeongguk escuchó todo y lo único que lo detuvo de salir tras su amigo fue que este le regaló una mirada cristalizada y negó con su cabeza.

Pocos segundos después observó como ella también salía de la habitación y, a paso apresurado, iba tras su hijo.

—Déjalo. —dijo con calma, haciendo que la mujer se frenara en seco. —No tiene caso, él tiene toda la razón.

—¿Tú lo sabías?

—Debiste estar ciega para no notarlo.

BRUISED [kookmin]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora