Sueño de los Eternos era conocido por ser misterioso y silencioso. Había recogido muchos nombres a lo largo de la historia: Morfeo, Oneiros, Sandman... Lo que nadie se esperaba era que terminara enamorándose de una mortal y la convirtiera en Dama de...
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Una vez que estuvieron al otro lado de las puertas del Infierno, sintieron la sensación de que podían hablar de nuevo.
-¿Cree que Lucifer vendrá a por usted? -cuestionó Matthew preocupado de que una horda de demonios les atacaran de la nada.
-¿Por qué? -quiso saber Morfeo, más tranquilo que nunca.
-Porque has humillado públicamente al Monarca del Infierno -argumentó Myra-. Y tampoco es que estuviéramos en buenos términos antes -recordó.
-No iba a permitir que te quedarás atrapada allí -dijo Morfeo en un tono serio, luego se colocó su yelmo, volviéndose la vieja figura imponente que ella conocía.
-¿Usted ve con esa cosa? -preguntó Matthew extrañado. Myra no le culpaba, le había preguntado eso mismo mucho tiempo atrás.
-Así es. Veo el rubí -murmuró mientras usaba su arena para sacarlos de allí. Aparecieron en un almacén en el que una luz rojiza iluminaba las estanterías.
Era el rubí.
Morfeo volvió a quitarse el yelmo, listo para reclamar otro de sus bártulos. Sin embargo, en cuanto lo sacó de una caja sellada, su expresión de felicidad cambió a una de extrañeza.
-¿Qué pasa? -preguntó Myra mirando ella también el rubí.
-Algo va mal. Alguien lo ha alterado.
La joya brilló con más fuerza, lanzando un impulso que los envío a los tres contra las cajas, dejándolos inconscientes.
X
Un picoteo incesante estaba despertando a Myra. Abrió los ojos encontrándose a Matthew, quien estaba utilizando el pico para mover su mano.
-¿Qué...? -cuestionó desorientada-. ¿Qué ha pasado? ¿Y el rubí? -dijo mientras se sentaba, sintiendo un dolor agudo en la parte posterior de la cabeza.
-Al parecer, un tipo en pijamas lo agarró y se fue -fue la respuesta de Matthew mientras se volvía a Morfeo-. Jefe. ¡Jefe, despierte!
Myra se arrastró ella misma por el suelo hasta quedar al lado del hombre, moviéndolo con cuidado.
-Morfeo, tenemos que recuperar el rubí -dijo sacudiendolo con cuidado, pero nada dio resultado. Parece ser que el rubí lo había afectado mucho más-. ¿Cuánto tiempo hemos estado inconscientes, Matthew?
-Un par de horas.
-Mierda -susurró la chica observando a Morfeo-. Creo que el rubí le ha puesto en un estado de sueño. Voy a revertirlo.
Con eso dicho, colocó su mano derecha en la frente del hombre. Cerró los ojos y el zafiro de su brazalete comenzó a brillar.