Penélope, bueno, su nombre no da el mejor de los inicios ¿cierto?
Empecemos de nuevo.
¿Alguna vez has querido simplemente despertar en el cuerpo de un personaje ficticio? pues Penélope no. Probablemente eso era lo más alejado a lo que realmente quer...
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Penélope jamás había pasado una navidad en Hogwarts, pero estaba segura que nunca se había apuntado tanta gente para pasar las Navidades en Hogwarts cómo ese año. Los recuerdos de Pansy solo confirmaban sus pensamientos, normalmente solo se quedaba una pequeña minoría de personas. Aquel año, en
cambio, daba la impresión de que todos los alumnos de cuarto para arriba se iban a
quedar, y todos parecían también obsesionados con el baile que se acercaba, sobre todo las chicas. Y era sorprendente descubrir de pronto cuántas chicas parecía haber en
Hogwarts. Chicas que reían y cuchicheaban por los corredores del castillo, chicas que estallaban en risas cuando los chicos pasaban por su
lado, chicas emocionadas que cambiaban impresiones sobre lo que llevarían la noche de
Navidad...
Cada día de la última semana del trimestre fue más bullicioso que el anterior. Por
todas partes corrían los rumores sobre el baile de Navidad. Por ejemplo, decían que Dumbledore le había comprado a
la señora Rosmerta ochocientos barriles de hidromiel con especias. También se había dicho que había contratado a Las Brujas de Macbeth.
Algunos profesores, como el pequeño Flitwick, desistieron de intentar enseñarles
gran cosa al ver que sus mentes estaban tan claramente situadas en otro lugar. Otros profesores no fueron tan
generosos. Nada apartaría al profesor Binns, por ejemplo, de avanzar pesadamente a
través de sus apuntes sobre las revueltas de los duendes. Dado que Binns no había
permitido que su propia muerte alterara el programa, todos supusieron que una tontería como la Navidad no lo iba a distraerlo más mínimo. Era sorprendente cómo podía
conseguir que incluso unos altercados sangrientos y fieros como las revueltas de los
duendes sonaran aburridos. También McGonagall y Moody los hicieron trabajar hasta el último segundo
de clase.
Snape con una mirada muy desagradable les informó de que dedicaría la última clase del
trimestre a un examen sobre antídotos e incluso envenenaria a alguno para comprobar la eficacia de sus antídotos.
— Ésto es un asco — murmuró Pansy mientras recostaba su cabeza sobre la mesa con el el libro de pociones abierto. La muchacha se encontraba estudiando en la sala común.
— ¿Podrías dejar de quejarte? — gruñó Blaise desde el sofá.
— Lamento que mi desgracia te moleste — habló Pansy enderezando la cabeza.
— No es mi culpa que tú no sepas sufrir en silencio — atajó Blaise.
— bueno, al menos mi sufrimiento no durará tanto — mencionó Pansy en tono de resignación.
— ¿De qué hablás? — preguntó Theo levantando la mirada de su libro de runas.
— Pues estoy destinada a morir este trimestre, si no muero por el veneno que me suministre Snape moriré por intoxicación cuando tome mi propio antídoto.
— No seas pesimista — regañó Theodore. Blaise por su parte se reía al pensar en la posibilidad de que su amiga se intoxicara en clase de pociones.
— No soy pesimista, soy realista— dijo la pelinegra — deberían aprovechar el poco tiempo que me tendrán con ustedes.
— Oh, pero que haremos nosotros sin tí — se burló Blaise — porfavor no nos deje su majestad.