Encuentros inoportunos

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Pansy se frotó el hombro dolorido mientras salía de la Sala de Menesteres

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Pansy se frotó el hombro dolorido mientras salía de la Sala de Menesteres. A pesar de que ya llevaba varios entrenamientos juntos, aún no estaba acostumbrada a la intensidad. Si Ginny era intensa sumar a Blaise era la peor idea del mundo. Ambos se la pasaban peleando y retandose el uno al otro a tal grado que los duelos solo terminaban cuando uno de los dos ya no podía ponerse en pie. Blaise no lo admitiría pero normalmente era él. Ese había sido el caso de la sesión de ese día, dónde Blaise había hecho molestar a la pelirroja más de lo normal y todos pagaron por ello. Theo y Blaise habían huido apenas terminó la sesión, jurando que no volverían… aunque ella sabía que regresarían.

—Nos vemos en la cena —le dijo Ginny alegre antes de irse en dirección a la torre de Gryffindor. Solo ella podía hacerlos sentir miserables y sentirse tan satisfecha con ello. No es que Ginny no hubiera recibido impactos era solo que ella estaba loca y más que detenerla la impulsaba.

Pansy decidió tomar un atajo por uno de los pasillos menos transitados, esperando evitar cualquier encuentro no deseado. No tuvo suerte.

Doblando una esquina, chocó de lleno contra alguien.
—¡Oye! —protestó, dando un paso atrás y llevándose una mano al hombro.

—¿Estás bien?

Pansy alzó la vista y se encontró con los ojos verdes de Harry Potter.

Genial.

—Sí —murmuró, sacudiéndose la túnica como si el golpe no hubiera dolido.

Harry la observó con el ceño levemente fruncido.
—Pareces agotada.

—Qué perspicaz, Potter.

Él rodó los ojos, pero en lugar de responder a su sarcasmo, señaló su túnica.
—Tienes un poco de polvo…

Pansy bajó la mirada y notó que tenía rastros de su entrenamiento. Ginny la había derribado un par de veces, así que no era sorprendente. Esa pelirroja era sin duda tan temible como cualquier mortífago. No sabía cómo era que no tenía tanto protagonismo en la saga cuando era claramente más capaz que muchos, incluída ella.

—¿Y qué? —replicó, cruzándose de brazos.

Harry la miró como si evaluara si valía la pena continuar la conversación o no. Finalmente, suspiró.
—¿Qué estabas haciendo?

—¿Y a ti qué te importa?

—Simple curiosidad. No es común verte cubierta de polvo, Parkinson.

Pansy apretó la mandíbula. Le dolió, tenía que admitir que le dolió volver a escucharlo llamarla por su apellido.

— ¿Por qué no mejor vas a buscar a Chang? Si corres con suerte está vez tal vez te bese antes de largarse a llorar.

Mierda, definitivamente no era eso lo que quería decir.

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