Hogsmade

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La primera salida a Hogsmeade después de las vacaciones estaba programada, para bien o para mal, el mismísimo día de San Valentín

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La primera salida a Hogsmeade después de las vacaciones estaba programada, para bien o para mal, el mismísimo día de San Valentín. Ginny había decidido quedarse en Hogwarts entrenando Quidditch, ya que seguía siendo una de las jugadoras más nuevas del equipo. Así que Pansy terminó yendo solo con Blaise y Theo.

Pasaron la tarde paseando por el pueblo, visitaron Zonko y se compraron un helado. Sin embargo, justo cuando llegaron a La Casa de las Plumas, comenzó a llover. No era una llovizna ligera, sino gotas gruesas y frías que azotaban las calles de piedra. Los tres apresuraron el paso, refugiándose bajo los toldos de las tiendas mientras el agua repiqueteaba contra los techos.

-Hmm... ¿qué tal un café? -propuso Pansy cuando la lluvia empezó a intensificarse.

-Me parece una excelente idea -asintió Theo.

Caminaron por una calle lateral hasta dar con un local que Pansy no recordaba haber visto antes. Era un sitio pequeño y caluroso, con una decoración exagerada, plagada de lazos y flecos.

-¿Qué demonios pasó aquí? -murmuró Blaise, con una mueca de horror. Señaló los querubines dorados suspendidos sobre cada mesa, que de vez en cuando lanzaban confeti rosa sobre los clientes. -Esto es un crimen contra el buen gusto.

Theo le dio un codazo para que se callara, pero Pansy no podía estar más de acuerdo. El lugar era simplemente demasiado.

-No tengo idea, pero pidamos el café para llevar. Este sitio me va a dar pesadillas -susurró a sus amigos.

Blaise soltó una risita, mientras Theo negaba con la cabeza ante la actitud de ambos. Sin embargo, tras otro vistazo al lugar, terminó cediendo.

-¿Qué desean, queridos? -preguntó Madame Pudipié, una mujer robusta con el cabello recogido en un reluciente chongo.

-Tres cafés: uno negro, y dos con leche, para llevar, por favor -pidió Theo.

Mientras esperaban, Pansy se percató de dos personas conocidas unas mesas más allá. Ella no se consideraba chismosa, pero, por una extraña casualidad, habían terminado sentados a solo dos mesas de Harry Potter y Cho Chang.

Blaise sonrió con malicia y, sin perder la oportunidad, se acomodó junto a Pansy. Levantó un menú para cubrirse el rostro y estiró el cuello cada dos segundos, intentando escuchar la conversación del Gryffindor y la Ravenclaw. Pansy suspiró, pero terminó copiándole el gesto, y Theo, con resignación, decidió no decir nada.

Fue así como el trío de Slytherin presenció, de principio a fin, un drama en vivo.

Cho parecía molesta por alguna razón y, en un intento bastante obvio de poner celoso a Harry, mencionó casualmente que Roger Davies, el capitán del equipo de Quidditch de Ravenclaw, había intentado salir con ella. Luego, con la inocente torpeza que lo caracterizaba, Harry comentó que se le hacía tarde para su cita con Hermione. Cho, indignada, preguntó si le parecía linda su amiga, y antes de que Harry pudiera reaccionar, ella ya estaba llorando como Magdalena y saliendo del local hecha un mar de lágrimas.

Slytherin PrincessHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora