Penélope, bueno, su nombre no da el mejor de los inicios ¿cierto?
Empecemos de nuevo.
¿Alguna vez has querido simplemente despertar en el cuerpo de un personaje ficticio? pues Penélope no. Probablemente eso era lo más alejado a lo que realmente quer...
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La claridad que Luna Lovegood le había otorgado no eliminó el miedo, pero lo transformó. La decisión estaba tomada: revelaría su secreto. Pero mientras caminaba de regreso a la mazmorra de Slytherin, la lógica de la antigua maestra, Penélope, comenzó a sobreponerse al impulso de la adolescente Pansy.
Contárselo directamente a Harry era un riesgo demasiado grande. Necesitaba apoyo, gente de confianza que la respaldara, que la ayudara a medir las consecuencias y a planificar el siguiente paso. Porque la verdad era que ella no era exactamente la definición de la voz de la razón, además de que desde llego al cuerpo de Pansy su comportamiento y forma de pensar habían cambiado, era como si volviera a tener el criterio de una adolescente.
Entonces decidió tomar un plan de acción diferente, decírselo a quienes ella estaba segura que confiarían en ella sin importar que. Sus amigos. Los únicos que, en estos últimos años caóticos, se habían convertido en su ancla en este mundo.
Blaise, con su lealtad feroz y su pragmatismo. Y Theo, con su mente aguda y su tranquila perspicacia.
Encontró a los dos chicos en su rincón habitual de la sala común de Slytherin, cerca del fuego. Theo leía un libro antiguo y Blaise, que parecía haber regresado recién del entrenamiento de quidditch, le contaba algo sobre un nuevo movimiento.
Pansy se detuvo frente a ellos, su postura rígida, las manos ligeramente temblorosas. El silencio incómodo que generó su expresión hizo que ambos levantaran la vista.
—Linda, te ves como si hubieras visto a Dumbledore en bata de baño —comentó Blaise mirándola sutilmente.
—Necesito hablar con ustedes —anunció Pansy, su voz más firme de lo que se sentía por dentro—. Ahora. En algún lugar donde no nos oigan.
Theo levantó la vista de su libro, sus ojos escudriñándola al instante. Blaise parpadeó, saliendo de su ensoñación.
—¿Otro problema con Chang? —preguntó Blaise, recuperando su tono habitual de leve aburrimiento.
—Peor —dijo Pansy—. Mucho peor.
Sin mediar más palabras, los guio hacia un pequeño almacén en desuso cerca de las mazmorras, un lugar que usaban desde los últimos años para conversaciones que no podían tener en la sala común. Pansy lanzó un Muffliato contra la puerta. El gesto hizo que Theo arqueara una ceja.
—Esto suena serio —murmuró, cerrando su libro.
—Lo es —Pansy respiró hondo, apoyándose contra una mesa polvorienta. El corazón le martilleaba el pecho. Aquí, frente a sus únicos amigos, la fachada de Pansy Parkinson se resquebrajaba por completo —. Lo que van a oír... no tiene sentido. Suena a locura. Pero les juro por todo lo que me queda que es la verdad.
Les habló de Penélope. De su mundo sin magia, de su madre y de su vida gris. Les habló de despertar en el cuerpo de Pansy Parkinson, un personaje de unos libros llamados “Harry Potter”. La incredulidad en sus rostros era visible, pero no la interrumpieron. Su respiración empezó a entre cortarse con forme llegaba al final de su relato. La preocupación por la reacción de aquellos a quienes consideraba hermanos la mataba.