Penélope, bueno, su nombre no da el mejor de los inicios ¿cierto?
Empecemos de nuevo.
¿Alguna vez has querido simplemente despertar en el cuerpo de un personaje ficticio? pues Penélope no. Probablemente eso era lo más alejado a lo que realmente quer...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La vuelta a Hogwarts llegó como un alivio. Para Pansy, la rutina del castillo, incluyendo las aburridas clases y las interminables tareas, era preferible a las paredes silenciosas de la mansión Parkinson. Este año, sin embargo, algo era distinto desde el primer momento: todos volvían con ojos desconfiados, más alerta. Las sonrisas eran cautelosas y los susurros, frecuentes, quizá demasiado frecuentes. La guerra ya no era un rumor lejano. Era real. Al igual que el hecho de que los Slytherin parecían ser aún más repudiados que antes, si eso era posible. Pansy creía que el odio hacia su casa debido a la estúpida Brigada Inquisitorial había llegado al tope el curso pasado, pero el rumor de que varios de los padres de alumnos de Slytherin habían sido atrapados en el ministerio ya se había corrido, y ahora todos parecían temer y odiar a cualquiera de la casa de las serpientes.
Pansy había pasado la mayor parte del viaje en un un compartimiento junto a Theodore Nott y Blaise Zabini. Theo estaba sentado en silencio mientras Pansy yacía recostada sobre los asientos con la cabeza en las piernas del muchacho, que debés en cuando pasaba su mano por su cabello. Blaise había sido llamado por el nuevo profesor de pociones. Ninguno preguntaba por el verano del otro, porque los tres sabían, sin decirlo, que no había mucho que contar... al menos, no cosas agradables.
El padre de Theo había sido atrapado en el Ministerio durante la batalla del Departamento de Misterios. No se hablaba de eso en voz alta, pero todos lo sabían. Había sido uno de los tantos rostros desenmascarados por Dumbledore y los aurores. Estaba en Azkaban, aunque todos sabían que no sería por mucho. Theo no decía una sola palabra al respecto. Solo cerraba más la mandíbula cada vez que alguien lo miraba con lástima o repulsión.
Durante gran parte del verano, él y Pansy se habían refugiado en casa de Blaise. Fue una situación extraña, por decir lo menos. La señora Zabini eran discreta, casi fría, pero les había ofrecido alojamiento sin hacer preguntas, cosa por la que Pansy estaba enormemente agradecida. Sin embargo, no podía esconderse dónde los Zabini por siempre y aún tuvo que volver a la indiferencia gélida de sus propios padres.
Blaise cerró la puerta de golpe haciendo sobresaltar a los otros dos, el recién llegado se desplomó en su asiento con gesto malhumorado.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Pansy incorporándose al notar la evidente molestia en su amigo—. ¿Qué quería Slughorn?
—Sólo trataba de ganarse el favor de algunas personas bien relacionadas —contestó Blaise, que seguía mirando con rabia a la nada—. Aunque no ha encontrado muchas.
Eso despertó la curiosidad de Theo. —¿A quién más invitó? —inquirió.
—A McLaggen, de Gryffindor…
—Ya. Su tío es un pez gordo del ministerio.
—… a un tal Belby, de Ravenclaw… a Hall.
—¿A ése? ¡Pero si es un idiota! —intervino Pansy. Hall era un Slytherin estúpido de séptimo curso con la idea equivocada de que a todos les importaba lo que pensaba. Era un sujeto grande y hosco, con cabello de escoba y una nariz grande y chata que lo hacía parecer un manatí, pero lo que realmente lo hacía repugnante era su personalidad. Pansy había hablado dos veces con él, y con eso había tenido suficiente para darse cuenta de que era despreciable.