Cho Chang

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Los días pasaban con la rapidez de una snitch y el entusiasmo de Pansy por el nuevo curso se estrelló como la nimbus de Harry contra el sauce boxeador

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Los días pasaban con la rapidez de una snitch y el entusiasmo de Pansy por el nuevo curso se estrelló como la nimbus de Harry contra el sauce boxeador. Las clases de Slughorn eran desesperantes, y no era solo por la manifiesta falta de talento de Pansy en el área, había mejorado, pero aún estaba lejos de considerarse buena era apenas competente, lo verdaderamente aberrante se le debía a una muchacha de ojos rasgados y sonrisa estúpidamente falsa. Cho Chang parecía tener algo personal en su contra, y si era sincera, la antigua Penélope sentía una aversión instantánea hacia la Ravenclaw que iba más allá del drama adolescente. Así que cuando Slughorn creyó adecuado colocarlas como compañeras de mesa, debió haber previsto un desastre, aunque, si era sincera, ni siquiera la experiencia de una maestra de primaria le permitió a Pansy prever el giro que tomaría la situación.

El día había iniciado con un cúmulo de nubes grises, el viento rugía con fuerza contra las ventanas del castillo y hacía un frío que le recordaba a los inviernos en su vieja vida, en ese pequeño apartamento donde la calefacción era un sueño imposible. La combinación de estas condiciones climáticas habría sido perfecta para Pansy de no ser porque tenía clases al aire libre. Le había puesto un hechizo calefactor a su túnica además de colocarse guantes, bufanda y gorro. Siempre había sido una persona friolenta, incluso antes, en otro cuerpo. Aunque aún así prefería ese clima a uno caluroso. Quizá había tenido suerte de haber llegado a Inglaterra y no a alguna playa cerca del Ecuador, se repitió por enésima vez.

El día parecía no ir del todo mal, tenía frío sí, pero no era tan malo. Pero el destino, o el guionista caprichoso de este mundo, parecía particularmente decidido a fastidiarla. Se había levantado un poco más tarde de lo usual, había soñado con los inviernos de su niñez cuando las festividades aun la emocionaban y su madre aun volvía todos los días a casa; y se había despertado con una punzada de nostalgia que ya ni siquiera lograba identificar, así que tardó más en prepararse. Iba tan tarde que ni siquiera pudo desayunar. Corrió para llegar a clase y a medio camino se dio cuenta de que había dejado su varita. Así que tuvo que volver a atravesar medio castillo para recogerla y volver a encaminarse a su clase, a la cual llegó cinco minutos tarde. Afortunadamente, el señor Binns estaba concentrado siendo miserable y no notó su entrada. Una hora más tarde y con un hambre que la ponía de un humor pésimo, Pansy se encaminó junto con varios alumnos fuera del castillo para la clase de Animales Mágicos. Blaise, a su lado, se burlaba de su desgracia mientras le daba un paquete con lo que parecía una especie de barra energética. El sabor era horrible, pero al menos ya no tenía la sensación de hambre abrumadora. La lluvia cayó sin previo aviso cuando estaban a mitad de la clase, dejando el suelo tan lodoso que cuando caminaban de regreso, uno de los zapatos de Pansy se quedó atascado en el fango. Cosa que seguramente la habría hecho caer de no ser por la rápida reacción de Blaise.

— Cuidado, linda — dijo él — no creo que quieras un facial en este momento, tendrás tiempo más tarde.

Pansy rodo los ojos ante la mala broma.

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