Capitulo 30

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Sintió nostalgia en todo su esplendor, ver cómo tenía que irse, sin titubear y sin poner algún tipo de objeción. Para Jimena y Norma salir del que había sido su hogar fue difícil pero de un modo distinto al que ella estaba sintiendo en ese momento, realmente le dolía tener que abandonar su Hacienda.

Amaba cada espacio de ese lugar, cada hectárea repleta de pasto o de tierra, la hacían sentir completamente en casa.

Pero debía tomar todo como una oportunidad que solo sucedía raramente.

Está vez era su madre quien le abría las puertas hacia la salida.

Y no sería tan perfecto, porque dejaba solo a alguien que amaba con todo su corazón.

- Borra esos ojitos tristes - Don Martin paso su pulgar apartando una lágrima que bajaba por su mejilla- Ese muchacho va a verte llena de lágrimas.

- Franco ya me ha visto llorar Abuelo- Quiso sonreír pero fallo en intento- Lo que si puede sorprenderle es que yo te deje aquí- Estaba casi sentada en el suelo, todo para llegar a la altura de su silla de ruedas.

- Mi lugar está aquí, al pie del cañón con mi hija, Gabriela no puede quedarse sola.

Él también estaba un poco triste por todo,  saber que sus nietas poco a poco abandonarían esa inmensa casa, siempre había sido algo que estaba de acuerdo pero tener que pasar por aquello tres veces, encogía su corazón.

- Mi mamá no me preocupa, en cambio tú si abuelito- Su nariz estaba tornandose roja por intentar contener las lágrimas- Ven conmigo- Salió casi como una súplica.

- No, no, no- Para Don Martin esa sería la última de sus opciones- Sarita, mi niña no te preocupes por mí.

- Yo sé que Franco estará encantado de recibirte, Eva te extraña mucho y no dudará en hacer tus días muy felices, están tus nietos también- Sarita estaba tratando de convencer a la persona que había criado a Gabriela, la persona más imposible cuando se trataba en cambiar de opinión.

- Y no dudo que todo lo que me cuentas será maravilloso- Don Martin le dió una señal de que todo era cierto.

- Andrés y yo te necesitamos con nosotros- Dejo escapar unas cuantas lágrimas- No puedo abandonarte, no me importa si mi mamá está en contra.

- Sarita, ven acá- Hizo su mejor esfuerzo para abrazarla y dar un beso sobre su mejilla, mientras que ella se aferraba a ese querido hombre, que significaba tanto para ella.

Y él sabía que Sarita era capaz de revelarse en contra de Gabriela con tal de sacarlo de la Hacienda.

Pero en el mundo no existe algo más cierto que las palabras de alguien que ha recorrido un largo camino, teniendo consigo la sabiduría y él quería compartir un poco de la que poseía con ella.

-Sarita, de tus hermanas siempre has sido muy cuidadosa, nunca causaste problemas y mucho menos desafiante a Gabriela en ningún momento, por muy loca que estuviera, jamás lo hiciste- Él más que nadie había sido testigo de cada etapa del crecimiento de cada una- Siempre espere para ti una vida llena de felicidad, que encontrarás algo más allá de estar rodeada de trabajo o que de alguna manera te llevará lejos de todo esto, por qué temia que dejaras de lado tu vida solo por complacer a Gabriela, no quería que dejaras de vivir por ella.

- Eso no iba a pasar abuelo- Muy en el fondo sabía que no lo permitiría, podía visualizarse casada con alguien que seguramente Gabriela escogiera, viviendo y formando una familia con alguien que no la haría feliz, se habría opuesto a todo aquello.

- Estuvo muy cerca de suceder- Su comentario estuvo acompañado de una sonrisa- Pero ¿ Sabes que hizo que todo cambiará?- Pregunto un poco entusiasmado.

Siempre seras tú Donde viven las historias. Descúbrelo ahora