Nueve meses después.
Al cumplirse los dos meses del ataque del falso Colen pude recuperar el colgante que pertenecía a mis antepasados, pero el verdadero significado de ello era la total recuperación de Priscila. Aquel día, en que parecía que las visitas a la sanadora Bienal ya no tenían un motivo, le pedí que saliera conmigo oficialmente y para mi suerte aceptó.
Ahora me planteo dar un paso más con ella y necesito la ayuda de Priscila para hacer la idea que tengo en mente algo inolvidable para India.
La encuentro sentada en un banco bajo la pérgola del recién reformado jardín de los árboles con un libro en las manos. Sonrío al darme cuenta de que es un ejemplar sobre las propiedades de las plantas que se pueden cultivar en España.
—Necesito que me hagas un favor. —Priscila eleva la cabeza algo sobresaltada por mi llegada.
Cada vez que la miro me siento mucho mejor al comprobar cómo va recuperando toda su vitalidad y esplendor. Su pelo yace más largo, con más brillo y más volumen. Las mejillas han recobrado su color rosado y ha ganado un poco de peso.
—¿Sobre qué?
—Voy a traer a India por primera vez a la finca y quiero que tenga una cena espectacular. Comeré en la cabaña con ella y vendremos aquí. Decora la casa y la mesa como tú sabes.
—Beisy se va a quedar encantada con ella. Me alegro que India pueda hablar con alguien que conoció a su madre.
—Si, ¿lo harás? —Espero su respuesta algo impaciente por salir hacia la cabaña.
—Me hago una idea de las decoraciones que pueden gustarle —reflexiona mirando al horizonte. De repente baja la vista hacia mí cerrando el libro de un golpe—. ¿Cuál es su comida favorita, y su bebida? Tengo que saber qué color prefiere y cuáles son sus flores preferidas. ¿Le gusta la música ambiental? Debo decirle a Beisy cual es el postre que prefiere y si después debe servir té o café —dice tan deprisa que me arranca una sonrisa.
—No siente ninguna predilección por un plato en particular, pero prefiero que lleve algo de carne. Bebe mucha agua y té. Sus colores favoritos son el rosa palo y el dorado. Le gustan los lirios blancos. Nada de música. El postre cualquier cosa que prepare Beisy, le encantan sus postres. Y que sirva ambas cosas. —Enumero mientras pienso si me he dejado algo. Priscila me observa boquiabierta.
—Estoy impresionada de lo bien que conoces a India.
—¿Por qué no iba a hacerlo?
—La mayoría de los hombres no recuerdan esas cosas. Colen no sabía ni mis flores ni mi música favorita —contesta al tiempo en que su cara se vuelve algo más pálida por el recuerdo. Le palmeo la rodilla deseando que borre cuanto antes la desagradable huella de ese hombre.
—Haz que sea una cena agradable para ambas.
Aguardo en la puerta hasta que India la abre y me regala una sonrisa radiante al verme. Con la rutina que he creado en los últimos meses, me aproximo a ella dejando un beso en lo alto de su cabeza y luego uno casto en sus labios. Ella sonríe y se desplaza a un lado para permitirme pasar. La estancia huele a carne asada con tomillo y pimienta negra. Normalmente se niega a que traiga algo de carne, en este caso cordero, pero en esta ocasión me empeñé en hacerlo porque era día siete y ese era el día especial para nosotros. Y más hoy que hacía siete meses que empezamos una relación oficial.
Sirve la carne asada en su horno de leña, dándole ese toque que ya no se da en la cocina actual. Vuelve a darme las gracias por enésima vez por la pata de cordero, viendo en su semblante la culpabilidad por comer algo que la mayoría de los niños del paraje ni tan siquiera han probado.

ESTÁS LEYENDO
La magia que busca el coronel
RomanceBremar Silva ha pasado toda su vida renegando de la existencia de la magia, el amor con un final feliz y la suerte de poder tener algún tipo de dicha si no es a base de sufrimiento y lucha. Todo ello dejó de tener valor cuando su prometida enfermó y...