Cuarto fragmento

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Caleb no pudo evitar sentir emoción nada más dejar el móvil. Sabía que aquello iba en contra del Protocolo, y mil cosas más, pero no podía negarse a ir. Llevaba demasiado tiempo pudriéndose en aquella casa, debía soltarse, liberarse... Y no iba a estar en contra de sus amigos y compañeros de clase. "Voy a volver a ver a Alek y a Fran..." Tan solo pensar eso hacía que sus niveles de adrenalina ascendieran, recordando la inmensa cantidad de payasadas que habían hecho el curso pasado. Y sabía que Megan asistiría, aquella muchacha de la clase, importante para él, que siempre recordaría por la loca noche que...

—¿Estás aburrido? —Su padre apareció en el salón, mirándolo con seriedad, mientras se sentaba y encendía la tele. Pese a que era por la mañana y el sol aún estaba fuera, radiante, tenían todas las persianas bajadas ("por precaución", según sus padres), y la bombilla led iluminaba, con un tono fantasmal, el sofá en el que Caleb estaba tirado.

—Qué va... Si quieres me voy. —Masculló, haciendo ademán de levantarse al ver que su padre quería ver el televisor.

—¡No, no! Quédate, no molestas. Y es útil que te enteres de las noticias, también, todo está horrible...—Le pidió Jeff, centrado, con su habitual seriedad.

—Nada, te dejo de todas formas. —Se encogió de hombros Caleb, sin querer entrar en una de esas conversaciones hirientes que cada vez se hacían más comunes. —Tengo ganas de tenderme un poco y, ya si eso...

—¿Por qué huyes de mí, Caleb? —Inquirió el hombre, clavando sus ojos marrones en el muchacho, al mismo tiempo que el sonido estático de la televisión buscando conexión resonaba por la sala. —Tan solo quiero lo mejor para ti.

—Lo sé, pero estoy tomando decisiones por mi cuenta, no hace falta que te preocupes...

—No me estarás evitando por algo, ¿verdad? ¿Te pasa algo? ¿Le ha ocurrido alguna desgracia a alguien? —Jeff pareció ahora aún más inquieto, en la penumbra de la sala.

—Qué va, si están todos mis amigos bien, hablo con ellos y eso...—Murmuró el joven, tratando de salir del salón, incómodo. —Mejor no podrían estar.

—Oh, pues me alegro... Espera. —El padre volvió a detener a su hijo, perspicaz, suponiendo algo. —¿Vais a quedar? ¿Es eso? Por eso estás tan agitado y te alejas de mí, ¿verdad? Quieres marcharte con tus amigos...—En su rostro no se reflejaba la ira ni la broma, sino más bien la decepción.

—Papá, ¡escúchame! ¡No puedes estar fastidiándome todo el día! —Gruñó Caleb, liberando su frustración interior. —¡Déjame a mí tomar la decisión que me dé la gana! ¡No me hinches las narices más, pesado!

—¿Cómo se te...? No tienes derecho. —Respondió Jeff, enojado, perdiendo él también los nervios. —¡EN ESTA CASA VAS A HACER LO QUE YO TE DIGA! ¡¡No puedes salir ahí fuera!! ¡¡Quién sabe qué puede ocurrir!!

—¡¡Pues pienso salir de todas formas!! ¡¡No me vas a tener aquí encerrado, viejo!! —Repuso el muchacho, perdiendo la seguridad.

No obstante, cuando su padre iba a responder con aún mayor agresividad, un sonido chirriante de la televisión los sobresaltó, seguido por la extraña música chill de una información televisiva a todo volumen después. Ambos se giraron hacia la pantalla, resoplando, mientras aquellos relajantes pero inquietantes sonidos llenaban el salón, al son de la presentación de Invertan retransmitida.

—"...o de objetos anómalos aéreos, se recomienda resguardarse en la zona más baja y cubierta de una vivienda. Esta es la vía más segura y efectiva, mientras usted pueda sobrevivir durante un tiempo en su sótano o garaje." —Explicaba una voz robótica, mientras un esquema representaba un monigote ocultándose en un cobertizo. —"En caso de estar afuera, les recomendamos que sigan el PI (Procedimiento de Identificación) para detectar cómo de grave es el peligro y seguir las normativas estipuladas por el Protocolo Invertan y sus Reglas de Supervivencia, obligadas para la ciudadanía".

EL PROTOCOLO INVERTANHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora