Capítulo III: Encuentro extraño

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Caleb se enderezó en el sofá, con la espalda dolida, tratando de conseguir una postura más cómoda para descansar. Aunque no le gustaba demasiado, no podía evitar quedarse dormido, y empezaba a creer que la edad le pagaba factura. Mientras pensaba en aquello, cerró los ojos, acunado por la escasa luz de las linternas, perdiendo la sensación del tiempo... Hasta que un sonoro timbre lo interrumpió.

"¿¡Qué...!?" Se incorporó de un salto. Estaba seguro de que se acababa de imaginar aquello, no podía ser... Una vez más, resonó el timbre. Escupió una maldición. Lo que acababa de ocurrir era real.

Agarró la escopeta corredera y se aproximó a la puerta. Decidió desbloquearla y esconderse en la sala de al lado, en un veloz y calculado movimiento. Una figura entró, con lentitud. Una sombra fría, que pareció detenerse antes de proseguir, en un peligroso silencio.

Caleb no lo dudó más.

—¡¡MANOS ARRIBA!! ¡NI SE TE OCURRA MOVERTE O ABRO FUEGO! —Gritó, entre aterrado y seguro de sí mismo. Su objetivo, un hombre joven, pareció sorprenderse también por la reacción.—¡Como seas uno de ellos te... te parto el cráneo!

Sin más, el recién llegado levantó las manos. Era un muchacho que rondaría los veintipocos años, pero sus ojos eran de un tono azulado glaciar; su rostro, demasiado perfecto, como si hubiera sido creado artificialmente, sin marcas, lunares o cicatrices; cabellos castaños y una curiosa seguridad en su postura, quizás reflejando una sabiduría que un simple chaval no podría tener. No obstante, era real, y sus reacciones eran totalmente naturales. "Ah, no, es humano." Pensó el portador del arma, examinando más a su objetivo. Este vestía con pantalones grisáceos, sudadera azulada y tenía una cámara al hombro, que brillaba con inteligencia artificial, así como llevaba una larga chaqueta negra, con el irreconocible símbolo de Invertan. Caleb tragó saliva.

—Ah, no... ¡Eres de Invertan! —Casi gritó, como si aquello le causara aún más frustración. El recién llegado quiso bajar las manos, pero él lo apuntó con más fuerza.—¡¡Manos arriba!! ¡Contra la pared! ¿¡Quién diantre eres y cómo has llegado hasta aquí!?

El joven obedeció, aunque con una mirada peligrosa.

—Yo... no soy importante. Me llamo Raiver. He despertado en este mundo en ruinas, irreconocible para mí. —Explicó, con calma. —He llegado hasta aquí al investigar viviendas en las que descansar. Entonces, me he encontrado con el único piso con luz, y he decidido acercarme... Eres el primer humano que he visto.

—Ya, lo que sea, ¿pero cómo demonios has entrado?

—Déjeme intentarlo a mí, Usuario Raiver...—Habló WIRIN, con su tono artificial, desde la cámara. —Saludos. No deseamos hacerle daño, simplemente somos más supervivientes. Le aseguro que no llevamos nada peligroso encima, y que no estamos de ninguna manera aliados con nuestros enemigos los invasores extraterrestres. Hemos acudido en busca de otros supervivientes y un espacio para descansar, hemos acudido por la puerta del edificio. El señor Raiver no ha tenido complicaciones en desactivar el mecanismo. Lamentamos que la entrada haya sido demasiada ofensiva para usted, buen señor.

—Sí, encima me habéis roto la puerta. —Gruñó Caleb, agarrando la escopeta con tanta fuerza que le dolieron las manos. —¿¡Creéis que os voy a hacer caso!? ¡PUES NO! ¡¡Sois de Invertan!! —Pareció acordarse de algo, pálido de repente. —¡¡ESPERA!! ¿¡Cuántos más de vosotros hay!? ¿Hay soldados?

—Claro, hemos traído unos cuantos. ¿Era obvio, no? Están ahí abajo esperando mi señal, que no podrán recibir, así que vendrán en cuestión de segundos. —Mintió Raiver, intentando confundir al hombre.

—Esa información es falsa. No hay ningún soldado, Invertan se disolvió hace más de treinta años, y ninguna de sus fuerzas ha sobrevivido. Esa es la información de mi base de datos. —Indicó la inteligencia artificial.

EL PROTOCOLO INVERTANHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora