Un tremor sacudió el aire. La luz azulada brillaba incansablemente hacia el cielo, como un foco, emergiendo de la parte más alta de la torre. La estructura se erguía amenazantemente en mitad del campo seco, con un viento frío sacudiendo la hierba alta, en un horizonte de planicie infinito. Un sonido profundo retumbó en el ambiente, emergiendo de la torre como si de un llanto se tratara. Raiver alzó la cabeza, viéndose rodeado por aquel halo extraño.
Como siempre, su mano se movió sola, con el hielo abriéndose paso en pequeños pedazos a través de su piel, en un gesto indoloro aun impactante. El brillo emergente desde la torre relampagueó con fuerza, reflejándose en la superficie congelada sobre la dermis, en una señal angustiosa, mientras el ruido tiritante continuaba recorriendo el aire como un trémulo antes de la exhalación de la muerte.
El joven, en un eterno estado de reminiscencia, dio varios pasos adelante, cruzando la hierba alta a los lados, el viento agitándose contra sus cabellos castaños, las botas posándose sobre la tierra medio húmeda como si esta no existiera, en una ilusión de fácil caminar. La torre se mantuvo firme, resistente, emitiendo la luz en una espera antinatural.
No obstante, a ojos de Raiver, la estructura del brillo azulado estaba aún muy lejos, y continuaría alejándose cada vez más si no se daba prisa. Por lo que comenzó a correr. Al principio le pareció que no conseguía nada, abriéndose paso entre la vegetación simétrica, posando las suelas de las botas con fuerza en el suelo embarrado... No obstante, sabía que estaba acercándose, poco a poco, por imposible que pareciese el esfuerzo.
El tremor recorrió una vez más el ambiente, el llanto suplicante, como atenazando al joven con una extraña presión para que se diera más prisa. Él recorrió el camino, inmerso en el campo de las hierbas altas eterno, con la imponente presencia de la torre sobre él, con una sombra amenazadora, aún sin ser capaz de alcanzarla, tan cerca y al mismo tiempo tan lejos. El dolor le punzaba de una forma carente de sufrimiento, lo que anteriormente habían sido pasos fáciles sobre el suelo ahora eran difíciles zancadas, como si este entero hubiese sido convertido en barro.
La velocidad desaparecía, y volvía al movimiento lento. No podía continuar más. Apretó los dientes y gritó con furia, agotado, cayendo de rodillas, mirándose sus manos, ya convertidas en dos apéndices de hielo, en un proceso de congelación lastimero. Bajó la cabeza, percibiendo el ulular de la torre sobre él, y la extraña entrada de metal a escasos metros. Debía alcanzarlo. Debía hacerlo... Pero aún estaba lejos.
Una sombra se levantó junto a las puertas, cual ente siniestro, sin ser siquiera iluminada por el brillo azulado. Extendió sus patas largas y medio zigzagueantes, alzándose sobre Raiver, que notaba el dolor del hielo mucho más fuerte.
—Acércate más... Kryo.
El susurro antinatural de la forma resultó terrible sobre el profundo llanto del ambiente.
—Aún debes acercarte. Y liberar el latido de este mundo...
El joven gritó de sufrimiento, mientras perdía la visión bajo la capa de la congelación...
...
La sensación extraña de la maquinaria hizo que medio se desmayara. Abrió los ojos.
—Bien... Relájate. Cuando despiertes, estarás como nuevo. —Indicó el doctor, mirándolo con seriedad, con su típica bata blanca.
—Debo preguntar... ¿Y si falla? —Raiver lo observó, con cierta preocupación. —¿Y si pierdo la memoria?
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EL PROTOCOLO INVERTAN
FantasiUn mundo desolado se extiende hasta donde alcanza la vista, con ruinas donde antiguamente había ciudades, viviendas vacías y una eterna sensación de tensión. El planeta ha sido destruido por una causa desconocida, y ahora las pocas personas que qued...
