Luwis tomó un rápido sorbo de la bebida nutritiva, sentado frente a la mesa de reuniones de la sala de la base subterránea. Una vieja máquina, una radio, sonaba en la solitaria madera, recreando los tranquilos ritmos de la música chillwave, con cierta distorsión. Era evidente que, pese al medio analógico, ya casi nadie conocía cómo arreglar el aparato, incluso era milagroso que funcionara tan bien pese a tantos años. "Cosas de Vídor, supongo." Se relajó, acomodándose en el polvoriento sillón, dirigiendo su mirada hacia el hombre mayor sentado al otro lado de la mesa, frente a él...
Alek Hammeled, más respetado por la Rebelión por sus conocimientos de supervivencia que por sus acciones en combate, se mecía en su silla acolchada, con los ojos cerrados y las arrugas de su rostro siendo remarcadas por la débil luz de la sala. Luwis sonrió para sí mismo, consciente de que el viejo estaba dormido, como solía hacer a cada tiempo libre del día, envuelto en su abrigo chubasquero, con la bufanda alrededor del cuello y las piernas cruzadas con pantalones de tela reforzados. El muchacho sabía que el superviviente no era tan añoso como aparentaba, pero detalles como su continua somnolencia hacían que se olvidara de aquello.
Echó un rápido vistazo a la ventana, que mostraba la sala oscura con la entrada que daba al túnel de acceso por los subterráneos de las ruinas de Niuwarden. Dio otro sorbo a la bebida. La Rebelión no solía trabajar al aire libre, para empezar por las dificultades de la superficie, y para seguir porque ya era tradición actuar bajo un confinamiento o a las sombras de los radares estatales. "Radares estatales..." Muchas veces Luwis se sorprendía a sí mismo al repetir las palabras que solían usar los adultos, los cuales habían sido mayoritariamente jóvenes o niños justo en el momento del desastre. Aquellas palabras significaban algo para ellos. Ellos habían vivido un "mundo normal". Sin embargo, para él, uno de los pocos que habían nacido ya pasada la hecatombe (pues cada vez era más difícil encontrar humanos vivos), eran palabras interesantes, esperanzadoras, pero carentes de sentido alguno.
"No pienses en negativo." Se recordó. "Tuviste la suerte de ser encontrado por la Rebelión... La vida ha sido fácil gracias a ello. Sin la ayuda de Vrac no serías nadie." Suspiró, dirigiendo de nuevo la mirada hacia la radio en mitad de la mesa, la cual no dejaba de producir sonidos tranquilos aunque algo retorcidos. Alek seguía dormitando, con continuos gruñidos silenciosos, y en el pasillo no se escuchaba ninguna pisada, señal de que el resto de miembros de la banda no pensaban abandonar sus minutos de descanso.
—Caleb... esta partida sí la ganamos... tío...—Murmuró entre sueños el viejo, lanzando después un sonoro ronquido. Luwis trató de no reírse por lo bajo, calmándose para no despertarlo.
La música relajante hizo que por su mente volvieran a vagar los pensamientos "Esta es mi familia, me guste o no." Alzó la mirada hacia el corcho en la pared, en el que, aparte de numerosos mapas, imágenes de IS, papeles con anotaciones, fotos de instalaciones de Invertan y demás, había un pequeño marco, apartado del resto de elementos colocados allí, quizás con cierta religiosidad. Allí estaba Alfa, representado siempre con su característica solemnidad, las hombreras de las que surgía la capa y el casco rojo. Luwis sintió como cierto orgullo cerca de su pecho.
Solo los jefes de cada banda de la Rebelión podían comunicarse secretamente con Alfa, el legendario cofundador de la Rebelión, el más fuerte guerrero antes de que sucediera la catástrofe de los invasores alienígenas. Así pues, aunque Alfa seguía vivo, su paradero desconocido y su estatus mítico hacía que los jefes se comunicaran con él con el mayor secretismo y anonimato posible, para mantener su seguridad. "Ojalá algún día llegue a verlo." Pensó Luwis, sonriendo para sí mismo.
Un gruñido de Alek interrumpió sus pensamientos:
—Chico, ¿qué hora es ya...?—Interrogó el viejo, frunciendo el ceño y desperezándose por la pequeña siesta.
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EL PROTOCOLO INVERTAN
FantasyUn mundo desolado se extiende hasta donde alcanza la vista, con ruinas donde antiguamente había ciudades, viviendas vacías y una eterna sensación de tensión. El planeta ha sido destruido por una causa desconocida, y ahora las pocas personas que qued...
