La estación estaba fría y silenciosa, envuelta en la neblina de la mañana, completamente vacía, sin rastro de formas de vida. Una ligera capa de escarcha cubría el acero, y, debido al hecho de que ningún vehículo estaba allí presente, podría parecer que el edificio abierto llevaba ya demasiado tiempo abandonado. Pero, aun así, el individuo permanecía de pie, esperanzador, mochila en la espalda, caminando por los pasillos de acero, cerca de los niveles de subida al tren.
La luz se filtraba suavemente por la niebla y por las viejas ventanas de vidrio resplandeciente, de alguna forma logrando que el antiguo aire futurista de la zona se viera ahora aún más deprimente. El viajero bajó por unas escaleras de la estación, llegando a un pabellón abierto por el lado derecho y el izquierdo, para permitir el paso de las vías, aún sin haber método de transporte alguno. Echó un vistazo a los raíles, confuso, caminando por una plataforma sin localizar su objetivo.
Se resignó, sentándose a esperar en un frío banco, atento a los ligeros sonidos de la solitaria estación, guardándose bien en su abrigo debido a la gelidez del viento, colocando la mochila a un lado. Toda su esperanza estaba volcada en aquel intento, pues sabía que algunas líneas eran permitidas por Invertan, aun estando en tan mal estado el lugar. Si lograba salir de Niuwarden, tendría aún oportunidades para sobrevivir. Pensar en lo que quiera que el destino le tenía reservado le resultaba excitante y terrorífico al mismo tiempo. Quizás huir no era la mejor solución... pero ya era tarde. Se había centrado en el viaje hacia la estación. Y ahora debía tener fe.
"Tan solo tener fe."
Un crujido hizo que se sobresaltara, mientras se giraba hacia la oscuridad que cubría una esquina del pabellón, donde una alta sombra se incorporaba con sus patas de articulaciones zigzagueantes, emitiendo aquel horroroso y profundo canto, como un artificial símil al sonido de un radar, moviéndose con velocidad hacia él. Por el susto, el individuo casi se cae del banco, pero no tardó en reaccionar, corriendo lo más rápido que pudo hacia el otro lado de la gran sala abierta, saltando los raíles.
El hombre se precipitó por la estación, girando hacia una plataforma que volvía al interior del edificio, con la nieve filtrándose por las aperturas de la moderna arquitectura, aterrado por los rugidos de la criatura, notando el rápido temblor de sus largos apéndices resonar sobre la piedra, demasiado cerca. Esquivó varios postes que estaban en el camino, corriendo en una trayectoria un tanto liosa, pero su persecutor no se detuvo, pasando por encima de los obstáculos sin dificultad.
Intentó dirigirse hacia una de las entradas, seguro de que su enemigo no cabría allí, pero se tropezó con una lata tirada en el suelo, gritando mientras rodaba por la piedra, soslayando las pisadas del atacante. Se incorporó, deslizándose, pero no tuvo fuerzas y acabó de nuevo arrodillado, levantando la cabeza y percatándose de que estaba rodeado por la gruesa pared, los raíles y la criatura.
—¡No! —Gritó, levantando las manos, horripilado, con intenciones defensivas. —¡No, por favor!
La sombra de lo extraño se levantó hacia él, con aquel profundo y mantenido sonido, flexionando los apéndices como en una pintura surrealista, captando a su presa desesperanzada. No obstante, un movimiento repentino se dio en la estación, y una figura se lanzó contra la criatura, rebanándola con una gran arma blanca curvada y rematándola de varios tiros de un fusil de asalto. Un bramido parpadeante resonó en el edificio, antes de que el depredador se desplomara al suelo.
El hombre, asustado, miró a su salvador, extrañado, pues sabía debido a la información estatal que casi nadie visitaba la estación. La figura que se alzaba ante él era la de un hombre de traje negro con detalles tecnológicos y militares, cuyo rostro estaba cubierto por una máscara que tapaba su boca y su nariz. Sus ojos resonaban de forma extraña para el viajero, y sus cabellos, que bajo la escasa luz solar parecían de un tono rojizo y pálido, se agitaban ligeramente por el viento.
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EL PROTOCOLO INVERTAN
FantasiUn mundo desolado se extiende hasta donde alcanza la vista, con ruinas donde antiguamente había ciudades, viviendas vacías y una eterna sensación de tensión. El planeta ha sido destruido por una causa desconocida, y ahora las pocas personas que qued...
