El ligero tono de una luz azulada brilló en la oscuridad de la sala, como un faro que se encendía por primera vez en un milenio de sombras. El gas llenó la estancia, con un sonido rechinante, mientras la cápsula se abría con lentitud. Un único rayo solar atravesaba una grieta del techo, perdido, muy débil, reluciendo sobre el metal antiguo, ondeando en el humo... para después caer encima del receptáculo.
Una figura se levantó, envuelta en el vapor gélido, con sus ojos fulgurando destellos azur. Era un hombre joven, desnudo, con un respirador cubriendo parte de su rostro, marcado por varias heridas a lo largo de su cuerpo, que no parecían siquiera cerradas, como si todos sus sistemas se hubieran paralizado. El individuo alzó un brazo, mirando sus cicatrices, y, de repente, fragmentos escarcha se revelaron sobre su piel. El hielo del descanso lo rodeó al completo, filtrándose en sus lesiones y curándolas a su paso, resaltando sus huesos y músculos como si fuera alguna clase de tecnología mágica, para después dejarlo totalmente sano, sin heridas.
El joven salió de la cápsula del todo, agarrando un mono de tonos fríos y unas zapatillas conectadas a la escotilla, vistiéndose, sin habituarse a la oscuridad (o quizás con la vista borrosa), analizando tan solo el mísero rayo de luz que se filtraba, aproximándose al lado de la sala, donde había computadoras, estanterías y otros objetos, del mismo tono sombrío que la arquitectura. Tanteó, balanceándose por el camino, ignorando las otras cápsulas de la estancia, cerradas y mostrando fracciones de su contenido en un efecto cristalino, siendo diversos animales criogenizados.
Se dirigió a la negruzca mesa cercana, examinando en busca de algo, hasta dar con una pantalla. Esta se encendió repentinamente, mostrando un rostro no definido hecho de geometrías, iluminándose al mismo tiempo otros artefactos de la sala, haciendo que la luz rayara a la oscuridad. El joven tardó unos segundos en darse cuenta de que en la pantalla había algo.
—Modo de inicio de sesión por análisis automático activado. —Habló con voz tecnológica la inteligencia artificial. —Detectando... Saludos, Usuario Raiver. ¡Novedades! Notificación de nueva actualización externa al sistema. Importante que se actualice el sistema.
—¿Dónde... está Metelset? —Murmuró el individuo, mientras el respirador se caía de su mandíbula, revelando su rostro completo, nada demacrado, algo paliducho. —¡Metelset! ¡¿Dónde...?!
—Analizando... Tono de voz urgente detectado. Actualización pospuesta. ¿Qué es lo que necesita, señor? —Interrogó la IA, con atención.
—Y-yo soy...—Él pareció detenerse, como si se diera cuenta de lo que pasaba. Se miró la mano, detectando un minúsculo fragmento de hielo, y se volvió hacia la pantalla, frunciendo el ceño, con toda expresión de preocupación desapareciendo de él. —Hm... ¿Y ahora qué? ¿Un frigorífico que habla?
—Soy WIRIN, para servirle, señor. —Se presentó el robot, con el tono neutro, y su avatar geométrico girando en tres dimensiones. —¿Qué necesita?
—Mis gafas, chisme. Que no veo. —Repuso él, como si fuera obvio.
—Están en el lado izquierdo de la mesa, señor.
El hombre joven tanteó y las cogió, colocándoselas, viendo que le quedaban a la perfección. Sonrió, mirándose la mano, abriendo y cerrando la palma, como si fuera la primera vez que la viera.
—Bien. Vamos mejorando. —Se las ajustó, pareciendo durante unos instantes algo más que un simple chaval. —WIRIN, ¿eh...? ¿Quién te puso ese nombre?
—Es prefabricado, señor. Le puedo dar mi número de denominación, si así lo desea. Soy M&ISU526, división TAU, me crearon para una función concreta. —Dijo la IA. Él se quedó unos instantes en silencio, como memorizando el número, para después girarse. —¿Necesita algo más, señor?
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EL PROTOCOLO INVERTAN
FantasyUn mundo desolado se extiende hasta donde alcanza la vista, con ruinas donde antiguamente había ciudades, viviendas vacías y una eterna sensación de tensión. El planeta ha sido destruido por una causa desconocida, y ahora las pocas personas que qued...
