Quinto fragmento

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Reggie aparcó el coche al final del camino, en la explanada asfaltada que daba la bienvenida al camping. Las maravillas naturales de las montañas de Perol se mostraron ante él y su familia con todo su esplendor, con sus prados de bonitas flores en los valles, el ambiente soleado y las casetas de actividades, los bancos de madera y los puestos de comida completamente llenos de gente que, como ellos, iban a disfrutar del buen tiempo del fin de semana, o turistas que acudían interesados en la belleza del lugar.

Reggie abrió la puerta y ayudó a salir a Jaime y a Ema, sus hijos, que inmediatamente salieron a correr por los prados entre gritos.

—Eh, esperaos...—Casi se rio el hombre por su rapidez. —Que aún tenemos que buscar un buen sitio.

—Tú déjalos, Reg, que son jóvenes, y necesitan correr y jugar...—Masculló el abuelo Tomas, bajando con algo de coste del vehículo, apoyándose en su bastón de caminar, ajustándose las gafas con cansancio.

Reggie y Jimena lo ayudaron a caminar por la hierba, alegres debido al contagioso buen ambiente, y buscaron un agradable sitio, un banco y mesa de madera al lado de un abeto. El viejo se sentó, mascullando historietas de qué cosas hacía él en sus días, mientras la familia sacaba una tableta de la que emergió una imagen holográfica de un avatar simple, que inmediatamente comenzó a observarlos, asistirlos con datos y a preparar otros dispositivos, como el de la barbacoa, que Reggie se dispuso a supervisar con entusiasmo, sacando de una nevera carnes como chuletones, solomillos, entrecots, salchichas y hamburguesas para cocinar.

Mientras los niños correteaban por allí, hablando a su vez con más chavalines de familias que también habían decidido pasarse un día en el campo, Jimena saludó a los conocidos, preparó la mesa y atendió al viejo Tomas, mientras Reg guisaba los alimentos y servía bebidas y cosas para picar, escuchando las recomendaciones de la IA, que estaba vigilante a lo que ellos hacían, ayudando en todo lo posible.

Aquel lugar era sin duda placentero, con sus bonitos paisajes, la alegría general y el olor de la buena comida, y Reg cada vez agradecía más internamente que aquella semana no hubiera tenido tanto trabajo que hacer. Un mal día para su jefe, y quizás esa escapada de hoy ni siquiera habría ocurrido. A la media hora, cuando todo estuvo listo, se dispusieron a comer, invitando, cómo no, a los conocidos, y disfrutando del ocio familiar...

—...Pues sí, como te decía, he escuchado varias cosas raras por parte de Berta, que si en otros Estados tienen un estado de cuarentena, vamos, unas cosas impresionantes. —Comentaba Jimena, mientras degustaban carne, patatas y ensaladas. —Algo está pasando...

—También yo he escuchado cosas similares. —Comentó Jack, de una familia vecina. —No sé exactamente qué es lo que estará ocurriendo en otros Estados. Me suena a que van a armar algún tipo de brecha online, como hicieron hace cinco años, o algo...

—Sí. Pues mirad, yo estoy demasiado liado con el trabajo como para estar preocupándome por todas esas cosas. Un día como este es precisamente lo que necesitaba, hace lo suyo que no venimos, ¿verdad, Jimena? —Ella asintió ante las palabras de Reg.

—Reggie, hijo, es que tú trabajas demasiado. Le das mucha importancia, lo cual es bueno, porque a buen trabajador, buena honra.—Indicó Tomas, ganándose unas risas de varios adultos. —Jolín, si no lo decía en bromas.

—Papá, ¿podemos invitar la próxima vez a Miquel y a los del cole? Porfi. Es que nos aburrimos. —Se quejó Jaime, el niño.

—Por supuesto. ¿Os aburrís? —Sus hijos asintieron, pesados. —Pues ahora nos vamos a echar un partido de fútbol, vais a ver cómo mejora la cosa.

—¡Bien!

—Y Lola se apunta también. —Dijo Carmen, una de las madres de las familias conocidas, refiriéndose a su tímida hija. —¿Verdad que sí?

EL PROTOCOLO INVERTANHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora