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Ella sube al tren. Deja atrás el ambiente navideño de la estación: el inmenso árbol decorado con borlas doradas y rojas que estaba colocado en el centro del lugar, los delicados ornamentos colgados del techo y un Papá Noel preparándose para cuando comenzara a llegar gente. Aún es temprano y hace frío. Por suerte, mientras venía de camino, pudo conseguir un café de avellana y caramelo para entretenerse en la espera y calentarse un poco. Solo carga con una pequeña bolsa de mano y un libro, poco y nada. Su equipaje es tan pequeño que dentro del mismo apenas caben un par de mudas de ropa dobladas de manera muy estratégica, un cepillo de dientes, una billetera y sus documentos.

Avanza por el pasillo hasta llegar a uno de los vagones del fondo que está casi vacío. Elige uno de los muchos lugares libres y toma asiento del lado de la ventana. Siempre le gustó ver cómo el paisaje se desliza a toda velocidad mientras viajan a destino. De a poco van apareciendo más pasajeros. Ya instalada regresa a lo que estaba leyendo en la estación. La novela es navideña, como todo a su alrededor. Sube el volumen de la música que susurra en sus auriculares y se sumerge en la historia: pocos días para las fiestas, un castillo heredado y un hombre amable.

Termina el capítulo y cierra el libro para mirar a su alrededor. No se dió cuenta de cuándo comenzaron a alejarse de París. Se toma un minuto para observar a las personas con las que comparte travesía, aunque sea hasta la primera parada. En realidad, no son muchos. En los asientos del frente se encuentra una pareja de adolescentes, ella está dormida y él le acaricia el pelo con dulzura a la vez que mira la ciudad correr por la ventanilla, son muy tiernos. Hay una mujer canosa con expresión pensativa que de tanto en tanto escribe cosas en la revista apoyada en su regazo, da la impresión de estar haciendo un sudoku, aunque también podría estar haciendo un cuestionario. Detrás de ella viaja un hombre pelirrojo, de traje y corbata, que parece dormir. En el fondo parece haber una familia de cuatro: padres y dos hijos que se ríen en voz baja. No hay nadie más, por lo menos en este vagón.

Ella respira, alegre, contagiada por el espíritu navideño que siente vibrar en el aire. Faltan solo dos días para la fecha. Cierra los ojos y se deja mecer por el vaivén del tren. 

7 Horas Para Conocerte (Él y Ella #1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora