—Mientras lo esperaba me ha llamado su madre, señor.
—¿De verdad? ¿Pasó algo? —pregunta un poco desorientado mientras ve la ciudad pasar por la ventanilla cerrada. Los vidrios polarizados vuelven todo oscuro.
—No, solamente quería saber a qué hora llegará al castillo. Le dije que estaríamos allí antes de las diez. Espero que no se enoje conmigo cuando lleguemos tarde.
—No voy a permitir eso, Max. Si no llegamos a horario es mi culpa y me aseguraré de dejarle eso en claro. ¿Te comunicó algo más o eso es todo?
—También dijo que lo estaban esperando con la torta helada de siempre y que la princesa hizo personalmente pochoclos de caramelo salado para usted.
—Perfecto. Muchas gracias, Max. ¿Podés poner música, por favor?
—Por supuesto, su alteza. ¿Qué playlist desea escuchar?
—¿Cuál querés poner vos? —la interrogante deja al chofer sorprendido—. Vamos, así por lo menos sé que lo que escuchamos te gusta y no es una tortura para tus oídos.
—¿Le parece bien escuchar Imagine Dragons? —él asiente y el conductor pone la lista mencionada. Comienza a sonar Bones—. Y feliz cumpleaños, señor.
—Muchísimas gracias, amigo mío. Ahora veamos si podemos llegar a casa antes de que mi familia se olvide de que existo —comenta en tono de broma y Max se ríe.
—A sus órdenes, príncipe.
Es raro que ella no esté a su lado en este viaje. También le cuesta asimilar que muchos otros que no tienen su voz van a seguir llamándolo príncipe porque ese es realmente su cargo. Saca el globo de nieve de su bolso rojo y lo mira a detalle. El tren está entrando en una especie de túnel nevado, sobre el cuál hay un inmenso árbol navideño. El elfo está sentado sobre el vagón del medio con la mano levantada como si estuviera saludando. En la cima nevada hay gente pequeñita, algunos están caminando, otros hacen un muñeco de nieve y un par tiene una pelea de bolas de nieve. Con una sonrisa se permite pensar que estos últimos son ellos dos: la chica arrojando la pelota y el hombre recibiéndola de lleno en el hombro. Le sigue pareciendo increíble que la misma persona que lo golpeó en el parque sea la que terminó viajando a su lado desde Francia a España.
Sacude el adorno y la nieve se agita en su interior. Acaban de despedirse y aún así no puede dejar de pensar en su compañera de travesía. La extraña y el sentimiento le resulta sorpresivo, casi inesperado. Se viene haciendo la misma pregunta desde esa tarde: ¿cómo pudo agarrarle cariño tan rápido? Entonces se da cuenta de que sus ojos oscuros y soñadores, su nariz llena de pecas, sus sueños y su risa la vuelven una persona especial que no puede ser olvidada. Tal como ella quería, su sonrisa logra cambiar el día de los que la rodean. Definitivamente mejoró el suyo.
La quiere junto a él. Desearía que fuera su mejor amiga. Ahora entiende que es uno de esos libros que podés leer mil veces sin cansarte. Comprende que ella es una historia que no quiere que termine, una que le encantaría que durara para siempre.
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7 Horas Para Conocerte (Él y Ella #1)
Short Story23 de diciembre. Un viaje en tren con destino a Madrid. Ella, una simple bibliotecaria de escuela amante del café. Él, el príncipe de Astiana. Dos desconocidos con siete horas para conocerse. ¿Será real la magia navideña? Un libro corto, perfecto p...