2DO LIBRO DE FAVORITE.
Hicimos mucho daño.
Fueron sus decisiones y las mías, las que crearon un tornado que destruyó a todos.
Ya no estaba en la etapa de conocerlo, ya sabía quién era y lo que me hizo. Sabía que estaba tan podrido por dentro como...
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La sangre goteando de mi boca me recordaba a la humanidad que se me fue arrebatada, junto a todas las vidas humanas que yo misma quité.
Y seguía haciéndolo.
Uno, dos, tres... siete, ocho... trece...
No me podía detener, era como un niño solitario aprendiendo sobre el mundo.
Era un animal salvaje descubriendo lo deliciosa que era la carne de otras presas.
Estaba perdiendo el juicio sobre mis acciones, mi sombra se había convertido en la mayor parte de mi existencia, y me consumía cada vez más.
En momentos de locura, me preguntaba si no debería volver con Jaehyun.
Él podría contenerme, y yo dejaría de asesinar a los demás.
No.
Era lo que quería pensar para sentir que en algún momento dejaría de estar sola, que podría volver a sonreír sin escuchar los gritos de mis presas.
Y yo veía, con ojos inundados en lágrimas, la sangre dejar de correr por sus venas.
¿Te extraño?
¿A quién estoy esperando?
Deshacerme de los cuerpos fue lo más difícil, porque en primer lugar, no sabía cómo, y en segundo, mi mente se volvía más loca por tener que enterrarlos. Ni siquiera sabía si lo estaba haciendo bien, creí que en cualquier momento alguna organización ultra secreta caza monstruos vendría a buscarme.
Pero con el paso de los meses, aprendí a controlar el color de mis ojos y a racionar mi comida, para evitar que haya más muertos.
Con el paso del tiempo, aprendí a sobrevivir.
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Desde el primer momento que llegué a la oficina de Taeyong, supe que algo estaba mal. No me lo querían decir, pero en sus posturas y expresiones, me mostraban que no había buenas noticias.
Y yo también pude sentirlo, en mis huesos sentí la incomodidad y la pesadez, unas manos que me estaban agarrando y me querían hundir de nuevo.
—Jaehyun está comprometido.
Fue un pequeño lapso, cortos segundos que se disiparon en mi realidad, y dejé de respirar. Mi audición se fue perdiendo hasta que solo escuché un pitido que me dejó con la mirada en un punto imaginario.
Tuve que obligarme a mi misma a volver al presente, y evitar tener un ataque de pánico. Había aprendido a fingir mis emociones, así que, fue menos de diez segundos, el tiempo que me perdí antes de volver a mis cabales.
—Se estaba tardando.
Mi tono fue desinteresado, y tuve que aplaudirme mentalmente por mi capacidad de ocultar lo que sentía. Pero no podía mentirle a él, quien me miraba con preocupación.