2DO LIBRO DE FAVORITE.
Hicimos mucho daño.
Fueron sus decisiones y las mías, las que crearon un tornado que destruyó a todos.
Ya no estaba en la etapa de conocerlo, ya sabía quién era y lo que me hizo. Sabía que estaba tan podrido por dentro como...
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El miedo había provocado que mis habilidades se congelen, porque por un momento, sí me volví lo más parecido a una humana, débil y vulnerable.
No pude ver, ni defenderme. Solo me quedó llorar en mi lugar, viendo a mis demonios recriminarme todos los errores que cometí.
Y era justamente, lo que Jaehyun buscaba.
Quería asustarme tanto, que yo no sea capaz de defenderme. Que los recuerdos que me seguían, se volvieran realidad frente a mis ojos, y así yo quede con la guardia baja, lista para poder ser capturada.
Era más fácil atrapar a una humana que a una vampira.
Le agradecería muchas veces a Kim Minjeong por haberme sacado de ese trance, si es que yo salía viva de aquí, claro.
—unnie, e-estás-…— tartamudeó, mirando mi estado.
—¿Dónde están los demás?— pregunté mirándola fijamente, ella tragó saliva.
—En cuanto entraron a la casa, todo se volvió oscuro y me separé de los demás sin querer.
Eso no era bueno.
Asentí, y remojé mis labios antes de volver a hablar.
—Vamos, tenemos que ir— asintió en respuesta y tomó mi mano con fuerza.
Ambas, fuimos por el bosque, retrocediendo. Pasamos por donde había estado yo, sin ningún rastro de sangre o Sakura, solo el paisaje natural que siempre hubo.
—Me empezaron a atacar de todos lados— murmuró Minjeong, recuperando el aliento —Pensé que solo era Jaehyun…
—Es solo él— murmuré, pasando por encima de una piedra —pero dentro de Jaehyun vienen sus demonios.
Llegamos al portón de la puerta, y lo que encontré provocó un nudo en la boca de mi estómago.
No había nadie. Estaba vacío.
Sin embargo, podía oler la sangre de los vampiros, y ver las manchas que mojaban el pasto.
—Están dentro— susurré, sintiendo a Minjeong tensarse.
No podía dejar a Minjeong aquí afuera, porque mientras sigamos en los terrenos de Jaehyun, era peligroso para cualquiera de nosotros estar solos.
Sin embargo, de alguna manera el sádico vampiro había logrado separarnos.
—No te separes de mí— ordené con voz dura, la menor a mi lado asintió y sujetó con más fuerza mi mano.
La puerta de entrada se abrió con facilidad, y seguimos el camino que se convirtió en madera.
Encontré la caja que le confié a Doyoung a un metro de las escaleras.