¿Qué pasaría si una flota de colonización Terran quedara atrapada en el terrible universo de Warhammer 40K?
En esta historia nuestros protagonistas son parte de una flota con la misión de colonizar un planeta lejano. Para su mala suerte, quedando a...
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¡Mi Mecha Swarm lo conquistará todo!
-EGON STETMANN
El Mecha Swarm (también conocido como mecha zerg) es una progenie zerg mecánica creada por Egon Stetmann para combatir a los enemigos de Bel'Shir en el año 2506.
La tecnología fue asimilada por Sitaura Levana que participó y lideró el estudio de estas peculiares armas de guerra.
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Para impulsar este enjambre, Stetmann creó un nuevo tipo de energía llamado egonergía, que podría permitir que el Mecha Swarm realice hazañas poderosas y extraordinarias. Con el fin de recargar la egonergía de su Mecha Swarm, curarlos y aumentar su velocidad, Stetmann también inventó estetélites, satélites robóticos que propagan una "Stetzone", que puede cambiar su configuración para modificar el Mecha Swarm.
Actualmente el Mecha Swarm fue actualizado sustituyendo las estetélites por generadores individuales de energía implementados en cada uno de ellos. También fueron modificados para resistir el combate contra las fuerzas Orkas priorizando la velocidad para intentar aumentar la cantidad de enemigos que son capaces de matar antes de ser destruidos. ------------------
La vista del lugar en el que habían aparecido era sobrecogedora por decir lo menos.
Techos abovedados cruzados por refuerzos de hierro oxidado remachados de forma tosca, lúmenes en jaulas que escupían luz sucia y una niebla toxica nacida de las forjas que estaban en las entrañas del Space Holk. El mundo-desguace apestaba a hierro caliente y llamas, a aceite lubricante, sudor, sangre y materia orgánica pudriéndose. La cámara estaba saturada además del hedor de bestias, como si rebaños de ganado hubieran permanecido allí siempre sin que nadie hubiera limpiado jamás el estiércol. Era el hedor de los orkos, amoniacal y extrañamente parecido al olor de materia vegetal en descomposición.
Un millar o más de pielesverdes rugieron al ver varios cientos de guerreros armados aparecer súbitamente en mitad de la gran cámara que antaño fue el hangar de una nave imperial. Cada orko estaba recubierto de placas oxidadas de hierro cubiertas con púas metálicas, amarradas y atornilladas directamente sobre sus cuerpos hinchados. Ante la vista de aquellos ruidosos sistemas neumáticos, generadores crepitantes y armas de filos recorridos por rayos de energía, la mirada de Talandar se estrechó mientras su cuerpo se levantaba unos metros del suelo iluminando todo el lugar como una pequeña estrella.