Le contamos la situación a la agente de policía Carpenter, quien nos escuchó hasta el final sin decir palabra. Después de eso, todo se volvió un caos. Mientras la poli investigaba a Markus, sobre todas las cosas malas que había hecho en su miserable vida, Charlotte había lanzado su nuevo disco, en tan solo unos días era líder de ventas.
Nosotros logramos dar con Oliver, quien llevaba un tiempo tratando de volver a su vida anterior, después del coma. Dijo que sin problema declararía en un juzgado contra aquel psicópata, y más después de todo lo ocurrido. Estábamos esperando a que la policía actuara contra Markus, era cuestión de tiempo, la grabación que les di era la clave. Por el momento, tuvimos que enfrentarnos a algo más duro, el entierro de Liv y sus padres.
El día que ingresé en el hospital, se contactó con la tía de Liv, quien tenía a Charlie durante todo lo ocurrido. ¿Cómo decirle a un crío de tan poca edad que ni su madre, ni sus abuelos, volverían jamás? Laura, la hermana de Daisy, decidió contarle con calma lo ocurrido. Charlie no dijo nada, solo un "vale" astillado en su garganta. Ni una lágrima, ni un llanto, solo aquella palabra. Su tía sería a partir de ahora su tutora legal, la pobre mujer no sabía cómo llevar la situación, pero, ¿quién podría? Nadie, absolutamente nadie.
Como digo, llegó el día del entierro. Caras tristes, el cielo gris, parecía como si fuese a llover, pero, nunca cayó una sola gota. Todo el mundo en aquel lugar, me miraban apenados, sus ojos fijados en mí solo decían una cosa: "No fue tu culpa". Y si bien, yo era consciente... Mirar a Charlie me era imposible, no había cruzado palabra con él en ningún momento, no me atrevía... No podía. Yo no maté a Liv, ni a Daisy ni a Elliot, pero... Poner la mirada sobre aquel pobre niño hacía que me preguntara una y otra vez "¿Pude haber hecho más?".
Me quedé sentado en un banco del lugar, mientras los presentes hablaban entre ellos, recordando lo geniales que eran los tres, cada uno de ellos. Alguien se sentó a mi lado, y no era otro, que Charlie.
- ¿Estás bien? – Me preguntó. Él a mí.
- Eh, renacuajo... Sí, bueno... Estoy empanado, eso es todo – Dije, apoyando los codos sobre las rodillas.
- No, estás triste.
- Bueno, supongo que es lo normal ¿no?
- Deberías sonreír.
- ¿Qué? ¿Por qué? – Me extrañé.
- A mi madre le gustaba que sonrieras, decía que tú le ponías buena cara a todo, por muy mal que fuesen las cosas.
- Mira, ¿ves? Ya sonrío – Forcé una sonrisa bien rígida.
- No, quiero una de verdad.
- ¿De verdad? Hoy me es algo difícil, Charlie.
- Quiero que sonrías así – Me acercó algo.
- ¿Qué es esto? – Era una foto, una vieja foto – Madre mía... ¿Dónde estaba esto?
El día de la pesca... Aquel día en que me caí dentro del lago. Liv me sacó una foto, empapado, lleno de barro, y con una caña rota que me tocaría pagar por haberla partido en dos. Me trajo buenos recuerdos, muy buenos...
- Vaya día aquel...
- Ahora lo estás haciendo bien.
- ¿El qué?
- Sonreír – Señaló mi cara.
- Caray... Ni me he dado cuenta... - Aquella foto me había sacado una sonrisa sincera, sin casi ser consciente.
- Mi madre querría que la tuvieras, si estás triste otra vez, puedes volver a mirarla.
- Esto se te da bien, ¿eh? – Me atreví a mirarle por fin - ¿Cómo lo haces? ¿Cómo estás tan calmado en un día así?
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Maddie
RomanceSamuel siempre creyó que tendría una vida plana, sin muchas emociones, aunque eso cambió tras conocer a Maddie. Apareció un día en aquel pub, charlaron un rato, se cayeron bien. Pero al oírla cantar, su corazón dio un vuelco, se enamoró de ella, ni...
