22. Walking on sunshine

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Leo observa a sus madres sentadas en el sofá mientras ven un programa en la televisión. A mamá Rosé le encanta porque es sobre preguntas y mami Lisa lo odia porque siempre pierde. Puede ver las manos entrelazadas de ambas mientras ríen divertidas tal y como solían hacer antes de que su madre perdiera la memoria.

Gira su cabeza y puede ver a su hermana admirando exactamente lo mismo. Ambos se sostienen la mirada y se sonríen porque saben que es así como debió ser siempre, jamás debió cambiar así que esperan y ruegan porque las cosas no se tuerzan nunca más.

Los adolescentes se recuestan un poco en el sofá y simplemente se relajan quedándose, en algún punto, dormidos sin ser conscientes de que Lisa los observa con detenimiento.

- Parece que se han rendido - dice muy bajito a su esposa que se gira levemente para verlos.

Una sonrisa se dibuja en los labios de Rosé que apaga la televisión y se pone en pie.

- Vamos a llevarlos a la cama, ha sido un día largo para ellos. - dice.

Y lo cierto es que lo ha sido. La abogada se ha tomado el día libre. Después de la propuesta de "noviazgo" de Lisa, no ha querido separarse de ella ni cinco segundos, así que ha utilizado el día para pasarlo en familia.

Los mellizos armaron un gran plan. Fueron a Hyde Park a patinar juntos, compraron algunas cosas, comieron en su restaurante favorito en Camden y disfrutaron de una vuelta en el London Eye.

Lisa toma a Lily en brazos y Rosé a Leo y caminan hacia las escaleras y después a la habitación de los mellizos. Ambas deshacen las camas haciendo malabares y tumban a los adolescentes en ellas, arropándolos.

Rosé toma los playeros de los niños y los guarda en el zapatero mientras Lisa dobla los jerseys y los vaqueros guardándolos en el armario. Hank ha hecho su camino hasta la pequeña cama que está en medio de ambos y ya está totalmente acurrucado.

Rosé sonríe mientras deja una caricia en el cachorro y luego besa la frente de Leo y luego la de Lily. Lisa repite la acción y ambas salen de la habitación suspirando. Aman a esos dos niños mucho más que a su propia vida.

- ¿Ya cayeron? - pregunta Amelia y ambas asienten con una sonrisa.

- Deberías descansar tú también - le dice Lisa a la mujer que asiente pero deja sobre la mesa un par de copas de vino y una gran pizza recién horneada.

- Wow, ¿a qué se debe el honor? - dice Rosé tomando un trozo de pizza.

- Las ardillas estaban llenas, he pensado que vosotras tendríais hambre - les guiña un ojo y sale de allí.

Lisa sacude la cabeza con una sonrisa mientras observa a Rosé casi engullir el trozo de pizza. - ¿Qué? - pregunta mientras estira la mano para tomar otro trozo pero Lisa rápidamente le arrebata el plato consiguiendo un puchero en los labios de la rubia.

- ¿Por qué no cenamos en el salón? - dice marchándose con la pizza.

Rosé rueda los ojos porque detesta que le quiten la comida, pero hace su mayor esfuerzo porque bueno... es Lisa.

Ambas se sientan en el sofá y Rosé no puede reprimir sus ganas de tomar otro trozo mientras Lisa sonríe divertida. - ¿Qué más cosas tengo que saber de un Park? - dice riendo.

- ¿Eh? - Rosé se detiene a medio camino de darle otro enorme mordisco a su trozo de pizza.

- Los niños dicen que los Park adoran comer.

- Oh... bueno... en realidad solo los niños y yo. Mamá no es así - se encoge de hombros. - ¿Te molesta?

Lisa niega con la cabeza - me parece adorable - sonríe logrando sacar el rubor en las abultadas mejillas de Rosé. 

30 SongsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora