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Miedo

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#Lana.

Le observo marcharse lenta y altivamente, dejando al crío temblando a mi lado.

Le entiendo.

Podría entender a cualquiera en su situación.

- No te encariñes con algo que no te vas a quedar.

- Es un niño, no un problema que tengas que eliminar.

Simone me da un último vistazo de reojo para asegurarse de mis movimientos, antes de seguir caminando hacia las escaleras para ir a vestirse. El niño se retuerce a mi lado como si le diera miedo, y posa de manera inconsciente su pequeña mano sobre la mía. Yo suspiro mirando el hueco de las escaleras ahora vacío. No me extraña que cualquiera que mire a Simone le tenga respeto, él mismo emana un aura oscura que pone patas arriba todo a su alrededor.
Su olor corporal, la decisión con la que camina, sus instintos de hombre primitivo y su cerebro de sobredotación. A quién no le acojonaría.

- Ayúdame por favor, no tengo papá, ni mamá.

- ¿No tienes padres?- auch. Vaya punzón en el pecho.

Él niño niega con la cabeza mientras sus pequeños ojitos comienzan a cristalizarse haciendo que algo se remueva en mi interior.

- ¿Qué les pasó?

- Mi mami estaba enferma, y mi papá la quiso curar, porque él es curandero aquí en la isla. Bueno... era - susurra esto último mientras una lágrima cae por su mejilla.

Lágrima que yo le quito rápidamente, me niego a verle llorar por la pérdida de sus padres.

No puedo permitir que nada despierte mis fantasmas.

- Sigue - susurro acariciandolé el sucio pelo.

- En la isla apenas quedaban medicamentos, al menos no por donde yo vivo. Pero papá cura con plantas, sólo que las plantas son muy caras, y sabíamos que las íbamos a encontrar aquí.

Por supuesto, alrededor de esta casa hay cientos de plantas salvajes que sirven para esconderse en caso de que alguien viniera a por los Viatello. Estaba todo pensado al milímetro, cómo no. Simone tenía siempre todo bajo control. Todo... menos esto. Aprieto mis uñas en las palmas de mis manos para descargar mi rabia sin que el crío se de cuenta. Algo dentro de mi arde al ver al niño temblar. A veces me preguntaba si Simone era mi salvación... otras pensaba en su insensibilidad, su oscuridad... ¿de verdad no le removía ver a un crío asi? ¿de verdad era tan frío?

De repente me doy cuenta de que el niño empieza a inquietarse, esta nervioso. 

- ¿Te duele algo, cielo?

Le veo negar con la cabeza suevemente, pero no dice nada. Ahora la que está nerviosa soy yo. 

Silencio.

- Puedes confiar en mi, ¿vale?

El niño asiente, pero no dice nada. El pecho me duele. No quiero verme reflejada en él. 

- No quiero volver.

Algo se me encoge dentro al oír su voz. 

- ¿A dónde no quieres volver?

- Con mi papá.

Me siento un momento a su lado sin decir nada más. Cojo aire fuerte y empiezo a hiperventilar. No puedo controlarlo. El aire se va. Se va.

- ¿Señora?

Le oigo cuando noto su manita en mi brazo, pero entonces es muy tarde para contestar y salgo corriendo hacia el baño más cercano. 

Lo echo todo. El desayuno. Bilis. Agua.

No quiero pensar en que le pasa. No puedo ni preguntar que le pasa. No quiero hablar de su padre. Mucho menos recordar al mío.

Simone.

Le necesito.

No se en que momento dejo de respirar del todo. Me apoyo en el lavabo, temblando, con el sabor amargo de los recuerdos aún en mi garganta. Me duele. El nudo que tengo, no me deja respirar. Necesito cerrar los ojos. No quiero llorar.

- ¿Qué cojones está pasando aquí? ¿Qué te ha hecho ese maldito crío?

Levanto la cabeza de golpe. Le prometí que no iba a llorar.

Y el niño. No puedo dejarlo así. Simone se lo cargará...

- Habla.

Le miro a los ojos.

Está en la puerta. Observándome.

No está enfadado, está intentando descifrarme.

No quieres ver lo que hay dentro de mi- me muero por decirle.

Pero las palabras no salen, en su lugar solo digo:

- Estoy bien.

- Mentirme es lo último que deberías hacer en tu vida.

Instintivamente retrocedo. 

- ¿Qué ha sido tan malo como para ponerte así?

- Nada, deja que me levante. Tengo que ver como está.

No me muevo apenas un centímetro cuando el ya está levantándome de un salto y sujetándome para que no me caiga. No habla. Ni siquiera gesticula, pero sé que está preocupado por mí y eso hace que mi cuerpo se ablande un poco. 

Error.

- Estas bajo mi casa. Mi poder. Mi techo. Y mis normas. No sé que cojones haces encaprichandote con un crío. No es nuestro. Y no lo va a ser.

Habla con un tono tan contundente que me dan ganas de abofetearle y salir después corriendo de miedo. 

- No puedes hablar de un niño tan pequeño así, está solo.

- Ese crío traía una puta pistola encima. No sabes de lo que es capaz.

- Está solo.

La voz se me deshace. Quiero llorar.

- Prometiste que no llorarías más.

Trago duro y me limpio la lágrima que está apunto de caer por mi mejilla. 

- Entonces no te portes más como un imbécil.

Salgo del baño echa una mierda. Destrozada. Herida. Con el estómago revuelto. 

- ¿Estás bien? -susurra el pequeño cuando llego a su lado. 

Me arrodillo frente a él y le cojo la cara con cuidado.

Demasiado cuidado.

Como si ya estuviera roto.

Y lo noto.

A  él.

Detrás.

Su presencia ocupa toda la habitación. No me hace falta girarme para saber que sigue ahí.

De pie.

Impenetrable.

Me da igual. Lo único que sé es que necesito coger a ese niño y protegerlo, como si pudiese meterlo en una bola de cristal para que no le rozase ni el aire.

- Sí, cielo. He pensado en que podemos hacer un trato tu y yo.

- Ajá.

Me veo reflejada en sus ojos. Qué miedo.

- Si tu me dices tu nombre, yo te dejo quedarte esta noche a dormir aquí conmigo- susurro esto último.

Se le abren los ojos como platos y una sonrisa enorme aparece en su cara sin avisar. Sonrío, pero no me da tiempo a decirle nada cuando se tira literalmente sobre mí.

- ¡Me llamo Kai! ¡Me llamo Kai!

Y yo le sujeto fuerte.

Demasiado fuerte. 

Como si alguien fuese a quitármelo.

- No sabes lo que acabas de hacer.

IngénitoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora