NAMMU AL KUR

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Llevo varios días en la habitación. No ha cambiado de color y ha mantenido la pureza del blanco. Nadie ha venido a traerme comida, y aunque tampoco tengo hambre, eso es una falta de respeto, el no traer comida al reo o al loco, pues ya no distingo mi situación. Además, ahora que pienso, tampoco he ido a hacer mis necesidades fisiológicas, pero es que igualmente no tengo ganas de hacer nada, serán los nervios.

¡Pero si no estoy nervioso!

Si esto, a pesar de ser un poco estrecho, es el Edén, sólo falta Eva. Hay tranquilidad, colores, viajes no muy largos, no necesito comer, ni beber, ni entretenerme en retretes. No hay preocupaciones. Todo sería perfecto si no fuera por esas insidiosas voces que me persiguen más a menudo de lo que deseara...

-Buenos días, León.

Para qué habré pensado. Es la voz con el IP identificativo de Fausto. Nada bueno, supongo.

-¿Por qué no me deja en paz? -pregunto, intento amenazar, suplico, replico con esperanza de que alguna de esas palabras sirvan para algo-.

-Sabe que no puedo. Usted es el instrumento hacia su padre.

-¡Yo no soy una maldita guitarra!

No dice nada, pero escucho unos pasos que se acercan. ¿Un celador?

-¿No volveremos a empezar? -dirijo mi interrogación al vacío-.

Efectivamente, las paredes cambian a rosa mariposa y entra un celador. Es nuevo, o al menos no he tenido el placer de conocerlo, y tiene unos andares raros y afeitado al raso.

-Qué democrático es mi desvarío, aquí también hay homos...

Me da un guantazo que me hace tambalear.


Cuando recobro el conocimiento, me encuentro de nuevo en la sala de tortura auditiva de Fausto. Me duele toda la cara, y me la acaricio con la intención de que se vaya el dolor. Pero sigue ahí.

-¿Es un nuevo sedante? -pregunto por curiosidad-.

-No -Sonríe (no puedo verlo, pero sé que sonríe. Es la primera vez que noto que sonríe)-

Es un método arcaico, aunque efectivo, ¿no cree? -me alecciona-.

Ahora va a relajarse...y va a sentir un suuuave y agradable soopoor...

No voy a relajarme. No voy a relajarme -me repito, sabiendo que tengo una perseverancia muy precaria-. Pero el sopor es mayor que mi pensamiento y mi voluntad. ¿Cómo la hará?

-...Un suuuaveee y agradable suuueñooo...le invade el sueeeñooo...sus párpados le pesan, le pesan muuucho...y se van cerrando leeentaameenteee...

¡Tiene una voz tan seductora!

...Duueermeee...tiene suuueeeñooo...doooormiiidooo...dooormiiidooo.

-¿Me oye, León?

-Ya no puede oírle –responde una voz hueca que sale de los labios amoratados de León-.

-Bienvenido, Nammu al Kur, el Extranjero. Esta vez no me ha hecho esperar contándome sandeces de la niñez.

-¿Cómo sabe mi nombre?-.

-¿Creía, acaso, que no lo descubriríamos? ¿Por qué no me dice desde dónde habla? Me ahorraría trabajo. Sabe que le encontraré tarde o más tarde -habla el hipnotizador sin mucha convección, reconociendo que no iba a ser tan fácil-. Si me lo dice, prometo hacerle a su hijo nada más que el daño justo.


-Hablo desde la Duat, el Mundo Inferior. Creo que se puede despedir de atraparme, en todo caso hoy.

-¡Ah, el Mundo Inferior! Se ha protegido bien contra nosotros. Fausto era consciente de sus remotas posibilidades, pues la Duat había sido usado como santuario desde épocas neolíticas, un refugio para conectarse telepáticamente con otros seres de la Primera Esfera. Estaría rodeado de decenas de menhires de arenisca micácea que harían imposible la detección de sus ondas alfa por parte de los controladores, así que mientras ocupara el cuerpo de León desde el Mundo Inferior, sería imposible localizar su paradero que seguiría parámetros aleatorios dentro de la inmensa e inhóspita extensión de la Esfera.

-No olvide que yo también fui un controlador -interrumpió los pensamientos de su interlocutor.

-Y un desertor.

-Eso lo explicaría las palabras de la reina Meri-Ka-Ré.

-¡Esas palabras no significan nada! -gritó-. Yo también las he leído.

Y Fausto comenzó a recitar las palabras de la legendaria reina Meri-Ka-Ré como si fuera un versado trovador.

-"Si vivo, como si muero. Penetro en ti y reaparezco a través de ti; desfallezco en ti y crezco en ti..."

En estas palabras, Nammu al Kur interrumpió para retomar el cántico.

-..."los dioses viven en mí, porque vivo y crezco en el grano que lo sustenta. Yo cubro la tierra. Si vivo como si muero, soy la cebada; no se me puede destruir. Yo he penetrado en el Orden, y he sido señor del Orden y enemigo en el Orden".

-He de entender que halló el secreto para pasar al Akh (el concepto mitológico del Olimpo de los Dioses Eternos) -dijo Fausto sin cambiar de expresión, pues tenía la certeza que el Akh era una quimera del Estado, un placebo para mantener el control de los millones de ánimas que habitaban La Primera Esfera-.


-Digamos que hallé el camino de la "Puerta de los Eternos".

La Eternidad no existe, ni siquiera en la Akh, ya que para ello tendría que conocer el antídoto de K.I.B.U. -Fausto intentaba llevarlo a un rincón dialéctico para ganar tiempo, aunque no sabía para qué-.

-Es cuestión de esperar, y eso aquí, no me negará, no tiene demasiados contratiempos

-¡Yo mismo le inyectaré K.I.B.U. en las venas y le haré tragarse sus idioteces!

Se había alterado, cosa que ocurría rara vez. Había perdido la oportunidad de rastrear nada, de pensar con serenidad.

-¡Le encontraré! -gritó fuera de control, dejando que sus emociones de desbocaran sin remedio-.

-¡No sea estúpido! Tendría que sacarme del Mundo Inferior, y eso no está a su alcance.

-¡Puedo hacerle salir de la Duat! -hablaba desesperadamente-.

-¿A través de mi hijo, tal vez? -discernía desde su refugio telepático, libre de amenazas-.

-¡León sabe dónde está el antídoto! -descubrió Fausto su as-. Sin él, usted no será más que una sombra que finalmente fenecerá. No tiene tanto tiempo como cree si yo controlo a León.

-Es usted muy ambicioso -se sorprendió Nammu-al Kur-. ¿Pensaba que no creía en el Akh?

-Recuerde que un buen controlador siempre guarda sus verdaderos pensamientos.

-Entonces, ¿me está sobornando su ayuda?

-Yo lo llamaría un pacto entre fantasma, es más apropiado.


Cuando Abrí los ojos, estaba en mi habitación. Tenía un color suave pastel verde. Me sentía pacífico. Los colores han marcado mis sensaciones desde que llegué a este lugar. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? ¡Dios, no lo sé! ¡NO LO SÉ! -grito a la habitación como si pudiera oír mis quejas-.


K.I.B.U.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora