14: Compartir mis recuerdos.
El resto del viaje estuve melancólico. Jackie intentó volver a la conversación fluida, pero cargaba un hueco grande en el centro del pecho. Mi corazón ni siquiera estaba latiendo a un ritmo constante, sino pausado, como perezoso. Reconocí ese movimiento. Lo sentí dos veces antes de Megan: cuando perdí dos personas importantes en mi vida.
Durante las pocas horas me mantuve escuchando música. De vez en cuando Jackie se movía y le sonreía casi a la fuerza. Incluso sostuve su mano durante varios minutos cuando pasamos por unas cuantas turbulencias. No hubo una sacudida del corazón, ninguna voz o un llamado intenso para buscarla o hablarle. Me imaginé que Megan era especial. Pero especial y correcta no eran sinónimos. Por eso seguí en mi estado de hundimiento, preparando mi ser para ver a mis hijos y regresar a la rutina de gritos y peleas.
…
—Bueno…
—Bueno…
—Gracias por sostener mi mano en las sacudidas. Creí que me daría un infarto.
—Espero que el próximo viaje traiga otro tipo casi tan genial como yo.
Jackie negó, mirando hacia sus bailarinas, balanceando los pies de las puntas hacia el talón, nerviosa y al mismo tiempo sin saber cómo prolongar la conversación.
—Aser… —Empezó a jugar con el borde de su sudadera, todavía con ese vaivén que me ponía nervioso.
Sabía lo que quería. No por un don o por algo más sobrenatural, sino por simple experiencia.
—¿Quieres mi número? —pregunté, sacando a la pobre Jackie de su dilema interno.
Tal vez se estaba analizando a sí misma, buscando los pro y contra de pedirme mi celular o de si debería ir tan lejos. Estuve algunas veces de su lado, indeciso de si no me vería desesperado, sin saber si era el momento. Me habría gustado que la otra persona diera el siguiente paso. Quizá no hubiera funcionado de todas formas, pero nunca se sabe en estas cosas.
—Sí. Tu número estaría bien. Podríamos comer mientras estoy aquí… —Se me quedó mirando, divertida—. Ni siquiera sé de dónde eres. Soy un desastre en esto.
»No suelo abordar a los hombres. Es sólo que tú… —Frunció los labios al no encontrar la palabra.
No sabía si eso era un cumplido o me veía tan mal que me habló por lástima, pero lo curioso era que no me interesaba.
—Acéptalo, me veía como la mierda.
Estábamos cada uno con su maleta, retomando el camino hacia la salida del área donde recoges el equipaje.
—Sí, pero… —Detuvo su andar e hice lo mismo—. Pareces un tipo ABC…
Me eché a reír.
—Creo que no quiero saber lo que significa.
Jackie sonrió con calma, como si no tuviera prisa.
—Amable. Bueno. Caliente. ABC. Es lo que usamos mi amiga y yo para referirnos a un tipo interesante.
Asentí, a la vez que me hacía el tonto cuando comprendí que pensaba que yo era caliente e interesante.
Nos enfrentamos al bullicio de las personas al ver a sus familiares o amigos. Unos abrazados, otros llorando, y… mi corazón se apretó al notar a una pareja besándose como si no existiera nadie más. Megan y yo fuimos eso una vez.
»Allí está mi chófer. ¿Aser? —llamó, colocando la palma de su mano en mi espalda. Volteé a verla, recordando que ella estaba allí—. ¿Quedamos para otro día? —susurró percibiendo algo en mis ojos.
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En un latido
RomansaLuego de que Megan huye, Aser se ve perdido, incapaz de ponerle orden a lo que una vez levantó con esfuerzo. Ahora tiene un hijo, una ex, además de los problemas de ser padre soltero y de no saber qué hacer con sus sentimientos. Él sólo sabe que deb...
