Melissa
Ha sido tan difícil ignorar a Akın esta semana. Todo el apartamento huele a su colonia fuerte y varonil. Todas las mañanas deja el café hecho antes de irse a trabajar y una galleta de almendras u otro tipo de sabor a un lado de la cafetera. Es algo noble de su parte, aunque no nos veamos todos los días ni nos topemos en la casa; igual ha sido muy difícil no hablarle.
¿Por qué le ignoro? Mejor dicho, la palabra correcta es que huyo de él. Luego de lo ocurrido en la cocina, todo en mí se desequilibró. Mi cuerpo tiembla ante su presencia, comienzo a sudar y a ponerme muy nerviosa.
Pero cuando lo vi llegar al museo, ya no podía echarme más para atrás. Él me invitó a una especie de cita entre ambos; y aquí estamos, en una pastelería muy bonita que se llama Claire's. Ambos sabemos que pedir pastel de manzanas va más allá que ser un simple pastel.
Las manzanas son un hecho bíblico que representa el pecado, para la cultura occidental. Y eso es lo que se desborda cuando estamos juntos... El deseo por pecar.
Aunque ahora realmente solo venimos a comer un pedazo de pastel de manzanas, ese hecho está presente, aunque no lo mencionemos.
—Estoy ansioso por probar ese pastel —comenta Akın, sentado enfrente de mí. Él me sonríe con complicidad, no sé si realmente se refiere al pastel. Todo en su mirada es muy misteriosa con un dejo de lujuria y picardía.
Él me pone nerviosa. Carraspeo, intentando mirar a otro lado.
—Se nota que es nuevo este lugar, nunca había venido. Ya tengo dos primeras veces contigo —le digo mirándole luego de echarle un vistazo al local. Hay muchas flores en todos lados; la luz es tenue y tiene una música suave en los altavoces. Una pastelería muy bonita.
Akın sonríe.
—Espero que vengan más primeras veces contigo, güzelim.
¿Por qué eso se escucha como una promesa? Akın es todo un misterio. Y sé que, en el fondo, quiero conocerlo. Aunque me aterra salir lastimada de nuevo. Siento que no sé nada de citas, tengo tantos años sin tener una. Ferit dejó a hacerlas cuando conseguimos trabajo. Nos enfocamos tanto en eso que todo se acabó de pronto, y la monotonía empezó a hacer de las suyas.
Es tan loco hacer retrospectiva y ver que tu vida no era para nada de color de rosas. Le faltaba mucho color a nuestra relación. Le faltaba color a mi vida.
— ¿Cómo has estado, Melissa? —pregunta Akın con mucha curiosidad en su mirada.
—He estado bien, mi tobillo ya no duele tanto, solo debo tener cuidado en dónde piso. Y en cuanto a buscar apartamento, sí he fallado, nada aún.
—No te apures, no te estoy corriendo de mi casa —dice el negando con su cabeza, tiene los brazos entrelazados sobre el pecho—. ¿Te quieres ir tan pronto?
Es que tu presencia es demasiada tentación, quisiera decirle. Pero solo meneo mi cabeza.
—No quiero incomodarte —confieso, lamiendo mis labios—. Tú tienes tu vida de soltero allí, me siento como una intrusa.
Él se ríe.
—Eres una intrusa bonita entonces —bromea—. No te preocupes, Melissa. No me estás incomodando... No hay apuro.
—Es que...
Iba a decir algo, pero una mesera nos interrumpe, trayéndonos nuestro pedido. Dos trozos de pastel de manzana y dos cafés. Él se me queda mirando esperando por mis palabras, pero solo olvido el momento y comienzo a comer del pastel. Sé que podría arrepentirme si confieso lo que realmente pienso de vivir con él.
ESTÁS LEYENDO
Dulce deseo
ChickLitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
