Akin
No sé cuántos pasos he dado en círculo desde que llegamos al hospital luego de que un auto atropellara a Melissa en frente de mi empresa. No sé cuántos minutos han pasado, si ya llegamos a una hora, pero Melis aún no reacciona del todo.
Según los doctores ha tenido una conmoción cerebral y debemos esperar a ver cómo evoluciona.
Mis manos sudan, mi respiración es diferente desde que la vi tendida en el suelo con sangre en su cabeza y raspones en su cuerpo.
Me estoy volviendo loco de los nervios. Esto es mi culpa, yo la obligué a venir, no debí haberlo hecho. Ahora está en una cama de hospital, sin despertar y sin saber cómo va a estar luego de esto.
Estoy cabreado con todo lo que sucede.
¿Pudieron haber sido ellos? ¿Fue una casualidad? Me estoy volviendo loco.
Alguien me toca el hombro, volteo para darme cuenta que es Conrad.
—Akın bey, no tenemos ninguna información. Barış no pudo identificar la placa del auto.
—Maldita sea, ¿nada?
Él niega.
—Tamam.
— ¿Cómo está la señorita Deniz? —pregunta mi asistente, con su rostro afligido—. Discúlpeme por no haber visto el auto, señor. Me distraje un momento y cuando subí la mirada, la señorita Melissa estaba en el suelo. Perdóneme.
Suelto un suspiro, negando y dándole un apretón en su hombro derecho.
—Sé que tú haces un buen trabajo, Conrad. Esto es culpa de alguien más, esa persona la pagará.
— ¿Akın? —Escucho detrás de mí, la voz débil de Melissa me hace moverme de mi sitio y llegar hasta ella—. ¿Un hospital?
—Güzelim, por fin despiertas. —La tomo de las mejillas y le doy un beso—. Estaba tan asustado. Estamos en un hospital, alguien te atropelló cuando estabas cruzando la calle.
—Pensé que había sido un mal sueño —dice en voz baja, pestañeando varias veces para poder despertarse por completo—. ¿Estoy bien? Me duele mucho el cuerpo y la cabeza.
—Tienes algunos raspones, pero estarás bien. Estarás en observación un par de días.
Melissa baja su mirada y suspira.
—No me di cuenta —comienza a decir, mientras lágrimas empiezan a acumularse en sus ojos y derramarse por sus mejillas.
—Sakin ol, aşkım. —Tranquila, mi amor.
—Te he dicho que este país no es bueno... Yo no...
Sus palabras me duelen, porque ella tiene razón. Yo la obligué a venir.
—Lo siento por traerte, perdóname por insistir —digo en sollozo—. Esto es mi culpa.
—Akin, no, no digas eso. Yo vine porque tenía que venir, no es tu culpa.
—Yo te obligué a venir —vuelvo a insistir.
—No, no digas eso. —Ella llora más. Esto no es bueno para su condición—. No es tu culpa, cariño.
Un doctor junto a una enfermera entran a la habitación y nos ven, de una vez me piden que salga porque deben revisar a Melissa, además, llorar no es bueno para ella.
La castaña se queja, pero al ver que no tiene decisión, me deja ir.
¡ARG! Todo se está escapando de mis manos, necesito resolver esto. Ella no quiere estar aquí, no puedo retenerla más en un lugar donde no quiere estar. Se intentó, lo intentamos, pero no quiero que sufra más.
ESTÁS LEYENDO
Dulce deseo
Chick-LitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
