Akin
No he podido dormir en lo que va de vuelo, ni siquiera es por mi problema con la altura y los aviones, no, es por el hecho de que estamos yendo a Turquía. Después de casi seis meses de haberme exiliado, vuelvo para terminar con todo este asunto.
Hace dos días me llegaron fotos de que los secuaces de los hermanos Erdem estaban merodeando la casa de mi hermana Demet de nuevo. Eso fue la gota que rebasó el vaso; ya no iba a permitir más este amedrentamiento contra mi familia y mi persona, estoy harto de estar escondiéndome, teniendo miedo de que puedan hacerle daño a la gente que amo.
Por lo que decidí ir a Turquía para dejarles claro que no haré negocios con ellos, y que deben entenderlo, porque no puedo pasar mi vida así.
Se lo dije a Melissa para que me acompañara. No podía dejarla sola en Seattle, han pasado tantas cosas desde hace una semana con todo lo que ocurrió con su compañero de trabajo. Algo que me puso los nervios de punta, porque él la iba a matar, y yo no sé qué haría si me quitarán a mi Melis.
Esa mujer se ha adherido a mi corazón para no despegarse más nunca.
Sin embargo, ella tiene un pasado muy triste que no la dejaba dar el paso de volver a su país; luego de que me contara que ocurrió, ella decidió viajar. Admiro su valentía y coraje por querer superar su pasado para siempre. Pero me duele tanto lo que me contó, ella no merecería todo eso, ni mucho menos que le hicieran daño a tal punto de perder un bebé. Me frustró, me llenó de ira, pero no podía expresarlo, ella solo necesitaba apoyo y se lo iba a dar.
Tuve que darle el empujoncito que le faltaba, pero debo ser un apoyo incondicional para ella en este viaje, así como ella inconscientemente lo será para mí, no es fácil enfrentar lo que una vez te hizo tanto daño, y ambos estamos en una encrucijada de resolver nuestras vidas y poder seguir viviendo plenamente.
Giro mi cabeza para verla a mi lado, está durmiendo desde hace un rato. Aún faltan muchas horas de vuelo, pero tenerla junto a mí, me hace sentir tranquilo.
Más temprano a Melek se le salió contarle sobre lo ocurrido en Italia, algo que estaba prohibido, y aún así, se lo contó. Ella dijo que pensó que Melissa sabía, que como era mi novia debía saberlo ya. Me enojé con mi asistente por lo imprudente que fue. Ahora, Melissa está molesta conmigo por habérselo ocultado, pero ¿cómo hago para que no se entere que hay gente que quiere matarme si no hago negocios con ellos?
Ella llegó a mi vida en el momento menos indicado, pero aún así, agradezco que lo haya hecho. Me hace tanto bien, que ya no me veo viviendo mi vida sin ella.
Por eso me preocupa, por eso es que bajo mi guardia y trato de que estemos bien, pero sé que ella no lo dejará pasar y querrá saber lo que está pasando.
Cierro mis ojos para poder conciliar el sueño, Melis se mueve en su asiento, abre los ojos un poco y me mira.
—Duerme un rato, amor.
Le doy una suave sonrisa.
—Eso haré, descansa tú también.
*
Cuando vuelvo a despertar, ya la aeromoza nos está informando que debemos abrocharnos el cinturón porque ya vamos a aterrizar. Melissa, aún somnolienta, se acomoda en su asiento. Arregla su cabello y se frota los ojos con sus manos, me rio al ver que su maquillaje se ha corrido un poco.
—Podría decir que ahora me gustan los mapaches —siseo para hacerle una broma. Ella abre sus ojos en sorpresa y se toca de nuevo la cara.
— ¿Se me corrió el rimel? ¡Demonios! ¡Sí que debo lucir como un mapache!
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Dulce deseo
Literatura FemininaMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
