Capítulo 13

156 13 2
                                        

Akın

No puedo creer que diga esto, pero extrañaba estar en un avión. Han sido pocos meses, pero se sentía como una eternidad solo estar en Seattle sin poder viajar a algún lado fuera de los Estados Unidos.

Cuando Melek me dijo que nuestro aliado italiano, Massimo Coviello, uno de los que más negocios ha hecho con nosotros necesitaba vernos en persona, no pude negarme. Es un socio importante para la empresa. No podía perder a un excelente cliente, no ahora donde las cuentas ya no son de bonanza. Hemos perdido mucho dinero, no podemos seguir en ese declive. Además, necesitaba salir de Seattle; quería viajar de nuevo por el mundo. Me estaba volviendo loco después de todo.

Por supuesto que otra parte de mí extraña demasiado a Melissa, esa castaña que se ha adherido a mi corazón con tanta fuerza y en tan poco tiempo, que me abruma tanto cariño y, puedo decir, que amor por ella.

No me gusta que estemos alejados, ayer, cuando le di ese abrazo de despedida, sentía que algo se estaba desprendiendo de mi cuerpo. Es impresionante cómo todo ha evolucionado en nuestra relación. Hay más confianza, más complicidad, más apego. Sin embargo, le he dado su tiempo como me lo pidió, las ganas de estar con Melissa aumentan cada día, y no hablo sexualmente.

Tenía tanto tiempo sin enamorarme, pero con ella ha sido tan fácil, se adentró a mi vida de una manera que no sé cómo describirla. Cada vez que pienso en que solo han pasado unos dos meses y medio desde que la conozco, me abruma un poco, pero cuando el corazón empieza a latir tan fuerte por una persona, como lo hace el mío con Melissa, sabes que te estás enamorando. No hay cabida para la negación. Solo hay que aceptar como ha llegado el amor a ti.

La vida es una sola y debemos aceptar el cómo nos sentimos. No hay nada malo en ello. Se puede decir que es liberador, no se siente pesado ni abarrota tu corazón.

Sonrío de nuevo al momento en que envío el vídeo que he hecho para Melis, deseándole buenos días y diciéndole que la extraño.

A mi lado está Melek y Conrad, quienes me estaban viendo grabar el vídeo, aunque disimulaban, sus rostros no eran de aprobación.

Pero no me importaron sus miradas, hice mi vídeo y se lo envié a Melis. No necesito la aprobación de nadie para hacer lo que quiera en mi vida personal.

Pareces un adolescente puberto —sisea Melek, quien me ha vuelto a tutear cuando sabe que no puede hacerlo.

Le doy una mirada llena de seriedad, ella capta mi humor. Hace como si cerrara su boca con una llave y se ríe con sorna.

Termino de beberme el café, pidiéndoles el intinerario del día. Conrad comienza a relatarme lo que haremos.

Dejando atrás los comentarios innecesarios, empiezo mi día pensando en mi castaña y extrañándola como loco.

*

La reunión con el italiano fue algo extenuante, porque el hombre se enteró que no he estado en Turquía desde hace un tiempo, y ha querido hablar conmigo para saber por qué no he verificado yo mismo la mercancía que le transportamos a él. Le expliqué que ahora tengo negocios en los Estados Unidos y que me he estado ocupando de eso.

No podía decirle la verdad: Mira, unos tipejos me están persiguiendo y queriendo mi cabeza porque no acepto trabajar con ellos.

No sería algo bonito de oír y dejaría su relación comercial con nosotros; entonces no le conté lo que ocurre en mi vida.

Fueron varias horas hablando, luego tuvimos otra reunión con un representante de Yıldız que vino desde Estambul para que habláramos sobre la empresa, de igual manera, cómo han sido los últimos movimientos que se han hecho allá. A pesar de que eso me lo envían por correo todos los días, no es lo mismo hacer este tipo de reuniones en persona. A veces son necesarias.

Dulce deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora