Melissa
—A esa pared le falta pintura —dice Akın por enésima vez cada vez que pasamos por una parte del apartamento que estamos viendo, está en el centro de la ciudad, es algo pequeño, y está muy cerca del museo. Pero lo vi en una publicación de internet y me pareció muy bonito a simple vista, por lo que le pedí a Akin que viniéramos a verlo.
No sé por qué pensé en él y en que me acompañara, quizás así me hacía la idea de que es momento de dejar su apartamento, pero muy en el fondo, no quiero hacerlo.
Vamos caminando por el corto pasillo que conecta la sala con las dos habitaciones que tiene. Akın le ha encontrado cada detalle y defecto que ya me empieza a molestar.
¡Sé que no es perfecto! Pero si lo pinto, lo decoro a mi gusto y le doy calor de hogar, podrá verse hermoso en algún tiempo cercano. No puedo pedir más nada que un lugar donde vivir sin molestar a nadie.
—Dos grietas en el techo, no me parece seguro —critica algo nuevo en la habitación central—. Mira esas ventanas, deben cambiarse en algún momento, están que se caen.
Me detengo en el momento en que vamos a salir de la habitación. Pongo mis manos en forma de jarras y lo miro enarcando una ceja.
Él se da cuenta que no sigo caminando y que le estoy mirando fijamente.
— ¿Qué ocurre? —inquiere sin entender.
— ¿Vas a criticar todo el apartamento? ¿Tan Señor Perfección eres? Le has conseguido hasta el más mínimo defecto al apartamento, sé que tiene muchas cosas por mejorar, pero puedo esforzarme un poco e ir arreglando, decorando a mi gusto, y en algún momento se verá bonito y acogedor. ¿Por qué no te gusta, Akın?
Él se queda en silencio, veo un dejo de culpabilidad en sus ojos y me doy cuenta que hay algo más cuando baja su cabeza con pena.
Al paso de un minuto de silencio, él comienza a hablar.
—No quiero que te vayas —confiesa, eso me sorprende, él sube su mirada—. Me acostumbré a tu presencia en el apartamento, sin ti se siente vacío. Puedes seguir siendo mi compañera de piso... Yo no te estoy echando de mi casa; y no, no me molestas si piensas eso. Más bien me encanta tenerte allí.
—Akın...
—Tú le das alegría a mi casa, Melis. Y a mi vida también —añade con una sonrisa tímida.
Eso nunca me lo habían dicho, siempre pienso que molesto a la gente con mi presencia, quizás, por eso sea el porqué de no reunirme seguido con mis amigos, o los que compartía con mi exesposo; Ferit se cansó de mí, Chiara no pudo tenerme más en su casa, y mi familia no le bastó ni un segundo para deshacerse de mí.
Y ahora viene este hombre a decirme que alegro su vida y su hogar, que no le molesto y que le encanta estar conmigo, me hace pensar que es irreal y que él es de esos tipos que son sacados de los libros o de las dizis turcas donde todo es perfecto.
Tengo miedo de enamorarme perdidamente de él, de que me guste más de la cuenta y más allá de lo sexual y el deseo descabellado que nos tenemos el uno por el otro. Porque... probablemente, no lleguemos a ningún lado en un futuro.
Es algo... complicado.
Estoy sin palabras, ni siquiera sé qué responderle. Nunca me había pasado esto antes.
Cuando voy a tratar de hablar, algo pasa por mis pies de pronto, pego un grito al darme cuenta que es un pequeño ratón que ha salido de no sé dónde y me ha tocado los zapatos de tacón que cargo puesto. Odio los ratones, me dan asco, son tan horribles.
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Dulce deseo
ChickLitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
