Epílogo

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Akın

Un año y medio después...

Verano en Turquía.

Después de un gran bache en tu vida, llegan las cosas buenas. La prosperidad y la bonanza. Hace un año me casé con mi hermosa Melissa; fue una boda íntima, con los más allegados a nosotros. La pasamos de maravilla. La tradición del Henna fue muy divertida, aunque eso siempre es con amigas y familiares de la novia, esta vez pudimos hacerlo todos en casa. Nos divertidos mucho, comimos y bailamos.

Melis ha tenido un excelente año, luego de contarme sobre la propuesta de trabajo en Estambul, comenzó a trabajar a la semana siguiente. No esperó mucho, ella deseaba trabajar. No puse ningún pero, ella merecía volver a su entorno habitual, y sabía que era la mejor opción que tenía.

A principios de este año, compré una casa en la cercanía del Bósforo, muy cerca de la casa de mi hermana Demet, en el área de Beykoz. Teníamos en la parte trasera el mismísimo mar. Tan calmado y sereno como siempre, una hermosa vista que nos daba los buenos días cada día.

Melissa amó el lugar, estaba tan feliz porque ese fuera nuestro próximo hogar. Ella quedó encantada cuando visitamos por primera vez a Demet, por lo que esta opción era la indicada para ambos.

Nuestra relación tiene sus altibajos de vez en cuando, pero la mayoría son buenos momentos. Nos seguimos conociendo cada día, nos amamos y tenemos una buena convivencia. Se puede decir que tenemos casi dos años viviendo juntos, por lo que nos ha ido bien.

También debo contar que este año ha sido bueno para Yıldız, a mediados del mes pasado inauguramos dos hoteles en el país, nuevas provincias a las que aún no habíamos llegado. Pamukkale y Capadoccia nos abrieron las puertas de forma grata y sencilla. Ha crecido el turismo allí y quisimos ampliar nuestra cadena de hoteles hasta allí.

Mis negocios con Estados Unidos siguen firmes, más fuertes que nunca. Poco a poco hemos ido abarcando más áreas de allí, así como otros países de América del Sur.

Mi amiga Leslie vino a nuestra boda, fue bonito haberla tenido presente en nuestro día importante. El señor Butler junto a su hermano mayor, Roger, nos enviaron un regalo de bodas. Algo que agradecimos, enviándoles flores.

Recuerdo ese día, Melis estaba al borde del colapso. No dejaba de hiperventilar y, de vez en cuando, derramaba algunas lágrimas.

—Estoy feliz —dice Melissa con su rostro lleno de lágrimas cayendo por sus mejillas—. Esta vez estoy tan feliz por casarme, cuando era niña soñaba con una boda hermosa, tener al novio perfecto que sería mi esposo. ¡Lo tengo, finalmente está sucediendo!

Me arrodillo para poder estar a la misma altura, ella está sentada en una silla en una de las habitaciones de la casa de Demet. Ambos quisimos casarnos en su terraza, era algo íntimo, amábamos la vista del lugar y planeamos hacerla aquí. Mi hermana no puso ninguna objeción. Estaba encantada de la idea.

Miro a Melis, quien está sonrojada y sus ojos más brillantes que nunca.

Es cierto, se siente muy feliz.

—Amor, ya la ceremonia va a comenzar, debes arreglarte para que podamos casarnos. Puedes seguir llorando un poco, pero con más calma, debes disfrutar del momento. ¿Te parece?

—Pensarás que estoy loca.

Me rio negando con mi cabeza.

—Un poco, pero eso no me hará retractarme, me quiero casar contigo.

Ella se ríe, me golpea en el hombro y me abraza.

—Gracias por ser tan bueno conmigo.

Dulce deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora