Capítulo 25

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Melissa

Reconciliarse con un pasado tormentoso es difícil; es como si llevaras una mochila llena de piedras que pesan cada vez más. Tanto que ya no soportas el peso y solo quieres quitártela y sacar lo que lleva dentro, para así hacer más liviano el camino que recorres.

Hoy haré eso, quitaré ese peso que he llevado desde hace seis años y que no me ha dejado avanzar completamente.

Akın me da su apoyo con una sonrisa genuina y un pequeño apretón en la mano. Él va manejando rumbo a la urbanización dónde está mi antigua casa. La que visité hace unos días y que no le conté a Akın. Cuando se lo dije, frunció su ceño, pero no dijo nada.

Quizás él solo me esté dando el beneficio de la duda, dejando que yo misma sea quien dé el paso y que me deje expresar.

Le devuelvo la sonrisa.

— ¿Te sientes preparada para esto? Podemos volver mañana si no...

—Voy a hacerlo —le interrumpo—. Hoy es el día, no más postergaciones.

Lo digo porque ya ha pasado semana y media desde que Akın fue puesto en libertad; ya estamos en febrero, tenemos un mes en Estambul. Quién iba a creer que estaría por tanto tiempo aquí.

Él terminó el papeleo con la policía y el tribunal, volvió a trabajar y a estar pendiente de los juicios hacia Yıldırım y Melek. Dos días después consiguieron arrestar a Yıldırım, el antiguo Gerente de negocios de Akın. También tenía sus manos puestas en los traspasos de dinero.

Finalmente ya podemos sentirnos libres y aliviados de que todo haya terminado. Los hermanos Erdem fueron enjuiciados también, ya Akın no tiene nada que ver con ellos. Algo que agradecemos, porque pasamos muchos meses preocupados por eso.

Ahora es mi turno de cerrar ciclos, de poder dejar el pasado atrás y mirar hacia adelante, en el futuro que me espera con este hombre a mi lado.

Porque sé que mi futuro es con él, con más nadie.

Solo quiero a Akın Bozkurt conmigo.

El pelinegro da un asentimiento, mientras gira en la siguiente esquina para poder llegar a la calle donde vive mi padre. Esta vez no hay autos obstaculizando la vía como la vez pasada, ni alguno de mis hermanos está afuera. Akın se estaciona en un lado de la calle, un poco más adelante de la casa. Apaga el motor, se quita su cinturón y voltea para mirarme.

Yo hago lo mismo que él, pero con un poco de torpeza porque mis manos tiemblan.

—Todo estará bien, cualquier cosa que suceda, nos iremos y ya. Tamam mı?

Suelto un suspiro, resignada en que debo hacer esto. Es el momento del fin.

Asiento hacia él, Akın se acerca y me sostiene el rostro con sus manos. Me da un beso suave, cálido y sereno, como si quisiera transmitir su apoyo mediante el beso.

—Te amo, tú puedes, cariño.

Sonrío.

—Gracias, también te amo, Akın.

Me da un beso más, nos separamos y bajamos del auto. Lo rodea para llegar a mí y entrelazar nuestras manos. Caminamos hasta la entrada de la casa, subimos las pequeñas escaleras que hay y él toca el timbre por mí. Los nervios no me dejan ni siquiera hablar o mover un dedo. Se me dificulta un poco respirar, pero las palabras dulces de apoyo de Akın sobre mi oído y sus besos en mi cabeza, me calman un poco.

Respiro hondo, tratando de llenar por completo mis pulmones. Tardan en abrir, pero cuando escucho que van abriendo la puerta, vuelvo a respirar entrecortado. Akın me da un apretón, dándome la valentía para saludar.

Dulce deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora