Melissa
El tiempo pasa, la vida también lo hace; todo tiene un curso y el destino hace y deshace a través de tus decisiones día a día. El frío, los adornos navideños, los muérdagos y los santas están colgados en todas partes. El último mes del año ha llegado y dentro de poco será la exposición de arte del museo. Mis nervios cada son más y más, así como los tuve en la primera exposición hace seis meses. Ya sé cómo se hace, lo que se vive en ese día de apertura, sin embargo, me da terror que algo salga mal.
Llámenme perfeccionista, pero necesito que todo se lleve acabo de la mejor manera.
Frederick no volvió a salir a almorzar conmigo, ni se bebe el café expreso en mi oficina. Tampoco he querido molestarle cuando trabaja, por lo que las semanas pasan y nuestra amistad se siente desolada.
Por lo que he decidido comprar un pie de limón e ir a su taller de trabajo a visitarle, tratar, una vez más, mejorar nuestra amistad.
— ¿Puedo pasar? —Le pregunto cuando lo veo pulir una obra, él me mira, veo que suspira y asiente.
Miro alrededor y solo tiene una pieza en el taller.
—Te traje algo, Fred —le digo con una sonrisa, intentando tantear las aguas y ver cómo estamos.
—Gracias, Meli —responde, esbozando una pequeña sonrisa ladeada—. ¿Cómo estás?
Siento un poco de alivio cuando él da un paso para seguir hablando.
—Bien, he estado bien, nerviosa por la exposición. ¿Y tú, cómo has estado, Fred?
Veo un silla disponible al frente de dónde está él. Mi compañero no ha dejado de pulir la pieza de arte, sin embargo, me da miradas de vez en cuando. Es un poco molesto esta actitud, pero supongo que está trabajando y no quiere detenerse por tenerme aquí.
—Para decir la verdad, diré que cansado, muy cansado.
— ¿Has tenido mucho trabajo?
—Algo, pero el problema es con mis hijos, Logan ha estado enfermo y eso me ha tenido muy ocupado.
—Pero me dijiste que estaban bien... —le interrumpo preocupada.
Él se queda callado.
—Sabes que puedes contar conmigo, Fred.
—Lo sé, Melissa. Solo que... —Deja de hablar, niega y me mira—. Disculpa si he estado alejado, ¿quieres salir a cenar hoy?
Una mueca se forma en mi boca.
—Esta noche saldré con mi novio —le cuento casi que en voz baja. Veo como su rostro cambia de un momento a otro. Se cierra de nuevo. Tenemos tanto sin hablar, que no le había dicho que ahora estoy en una relación.
— ¡¿Tienes novio?! ¿Desde cuándo? —Alza su tono de voz y me inquieta un poco su comportamiento.
Titubeo porque no entiendo lo que está pasando.
—Desde hace unas semanas.
—Es el hombre de traje de la otra vez —afirma sin que yo le dijera—. ¿Lo es?
—Sí, es Akın.
Veo que masculla algo, pero no puedo escuchar por la distancia que hay entre ambos. Su temperamento ha cambiado por completo, su rostro está enrojecido y acaba de tumbar un taburete con herramientas.
—Fred... —exclamo casi en un susurro.
Veo como respira varias veces y me hace señas de negación, me da la espalda y eso es un gesto de que me vaya.
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Dulce deseo
ChickLitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
