Capítulo 18

132 13 0
                                        

Akin

Melissa está mirando por la ventana del hotel hacia afuera, ella no ha notado que llegué, porque tiene música turca puesta en su teléfono. Me aproximo a dónde está y la abrazo por detrás, ella se asusta, pero al voltear, me sonríe.

—Buenas tardes, canım.

—Has llegado, aşkım. ¿Qué tal tu día?

—50 y 50, buenas y malas noticias.

Desde que le conté sobre los hermanos Erdem, ella ha sido receptiva con todo. Por lo que decidí no mentirle más u ocultarle lo que sucede. Ella tiene razón, somos una pareja y no puedo ir por la vida ocultandole cosas importantes que ocurren a nuestro alrededor.

— ¿Por qué? —pregunta, colocando sus brazos alrededor de mi cuerpo en una especie de abrazo.

—Los Erdem no están en la ciudad —respondo, frunciendo mi ceño—. Hasta que no lleguen, no vamos a tener una reunión.

Escucho como suspira.

— ¿Se tardarán mucho en volver?

—Bilmiyorum. —No lo sé.

Ella se queda en silencio, lo que me preocupa porque sé que esto la agobia. A veces pienso en que no debí meterla en este problema, pero luego la veo cada noche a mi lado, que hace que todo eso desaparezca de mi mente.

—Melis... ¿En qué piensas?

—En que este viaje no luce corto. Que vamos a estar aquí por un tiempo. —Siento cómo se separa de mi cuerpo y se aleja, empezando a caminar por la habitación.

—Yo sé que no tengo trabajo, pero no puedo andar por la vida, viviendo a tu costilla. Además, Ferit no contesta mis llamadas ni mensajes. No puedo estar mucho tiempo aquí, Akın.

Ahí está de nuevo el problema, ese que está continuamente saliendo.

— ¿No puedes simplemente existir como las demás que les gustaba el dinero y ya? ¿Tienes que complicarlo todo?

Cuando termino de decir mis palabras me arrepiento, joder, no debí haber dicho eso.

— ¿Disculpa? ¿Tu me estás comparando con tus aventuras pasadas? ¡¿Así es como me ves?!

Intento acercarme.

—No, no, Melis... No quise decir eso. Yo...

—Ya lo dijiste, Akın. —Su rostro está tan enseriado que nunca lo había visto así antes—. Así que me ves como una más de tu cuenta de mujeres. Güzel, çok güzel.

Ella menea su cabeza en negación y camina hasta la habitación.

—Melissa. —La llamo muchas veces, pero ella no voltea. Llegamos a la habitación—. Sabes que no te veo así, solo que siempre sacas a relucir el tema del dinero, ¡A mí no me importa gastarlo en ti!

—No soy una de esas mujeres —recalca con firmeza—. Estás muy equivocado si me voy a comportar como ellas. A mí sí me importa el dinero que gasto, sé el esfuerzo por obtenerlo, y no me gusta molestar a alguien con que me pague algo cuando perfectamente yo lo pueda hacer por mí misma.

—Entiendo tu punto, Melissa. Solo que déjame costear todo aquí, además, estamos en mi hotel. Puedo darte dinero para que salgas por la ciudad. ¡No me importa dártelo!

—No quiero.

—Deja lo terca, acepta lo que digo. Sé que eres orgullosa con tu independencia, pero eso no te quita ni un ápice de ella.

Dulce deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora