Capítulo 20

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Melissa

Poco a poco voy abriendo los ojos, tratando de acostumbrarme a la luz amarilla opaca que me pega directo. Cuando finalmente los abro por completo, veo que estoy en un auto. Me desespero, buscando por todos lados a Suna, pero en mi vista solo está Akın, mirándome con preocupación.

—Estás conmigo, tranquila, amor.

Miro por la ventana con angustia.

— ¿Dónde está? —pregunto, sintiendo que mi respiración se vuelve acelerada otra vez.

—Se fue, no dejé que se acercara. ¿Quién es ella?

Respiro profundo tratando de aliviar mi miedo de ser encontrada; tal vez ella le diga a la familia que me vio. Yo no quería encontrarme con alguien conocido, pero supongo que esta ciudad se volvió pequeña y que en el momento menos inesperado, sucedería.

Akın me mira esperando una respuesta.

—Es mi hermana mayor, se llama Suna.

Él solo da un asentimiento con su cabeza. Su entrecejo está fruncido, está pensativo.

—En el momento lucía preocupada, sin embargo, no deje que se acercara. No sabía cómo reaccionarías y supuse que era alguien conocido.

Ladeo una mueca.

—Gracias —le digo con sinceridad—. Me sorprendió mucho verla.

— ¿Te sientes mejor o debemos ir al hospital?

Niego. —Estoy bien, fue el momento...

Tamam.

Akın le da indicaciones al chófer de que nos lleve a casa. En el resto del recorrido no vuelvo a hablar. Mi mente sigue en ese momento cuando vi a mi hermana, ella dijo mi nombre y yo simplemente no pude contenerme.

Miro por la ventana, tratando de entender cómo es que de millones de probabilidades, tuve que encontrarme con ella.

—Melis...

Eso no puede pasar de nuevo; mi cuerpo se pone en alerta cada vez que pienso que pudiera ver a Baba, mi padre me trae tristeza y rencor al alma.

—Melissa.

Suna se veía tan diferente, los años le han pasado factura. Aunque no puedo culparla, ella es quince años mayor que yo.

— ¡Melissa! —me llama Akın, alzando su voz. Lo miro sin entender—. Estás tan ensimismada que no me escuchas llamarte.

—Sí, ¿qué pasa? —respondo irritada.

—Tenemos cinco minutos de haber llegado, te estoy llamando para que bajemos.

Miro por la ventana, efectivamente hemos llegado a algún lado.

—A partir de hoy nos vamos a quedar aquí —informa Akın, abre su puerta, se baja, rodea la camioneta y abre mi puerta—. Ven.

Él extiende su mano para tomarla, no entiendo nada de lo que ocurre. Pero bajo de la camioneta, tomo mi bolso y comienzo a caminar con él hasta un ascensor.

Es un edificio muy moderno y lujoso, todo me llama la atención, pero no lo detallo mucho porque mi mente está en otro sitio. Llegamos a un apartamento muy bonito, decorado de una forma minimalista y varonil, sin embargo, sigue teniendo detalles turcos tradicionales.

—Bienvenida a mi humilde morada, Melissa —dice Akın con una sonrisa, yo trato de devolvérsela, pero siento que solo sale una mala mueca dibujada en mi boca.

Dulce deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora