Melissa
El sonido de una alarma me despierta de golpe, pero la claridad del lugar me molesta cuando abro los ojos. Busco el sonido, pero éste deja de sonar. Intento recomponerme, viendo a mi alrededor. Me asusto cuando noto que no es mi habitación, ¿es un hotel? ¿Dónde estoy? Algo o alguien a mi lado se mueve, volteo y me sorprendo al ver a un hombre moreno con pelo negro acostado boca abajo; los músculos de su espalda se ven marcados y su piel luce suave. Además, tiene un tatuaje muy oscuro, que no descifro, en su omóplato derecho. El hombre gira su cabeza en mi dirección y mi boca se abre tanto que me cubro con mis manos.
¡Es Akin!
Intento recordar lo que sucedió anoche, pero nada claro viene a mi mente. Solo recuerdo que estábamos bebiendo vino, hablando y comiendo. ¿En qué momento pasó todo esto? Miro mi cuerpo y no llevo ropa, solo estoy cubierta con una sábana.
—Te despertaste primero —masculla con voz ronca, me está mirando con un solo ojo abierto—. ¿Estás bien?
Me quedo en silencio, solo le miro.
—No te acuerdas, ¿cierto? —inquiere Akin, esperando mi respuesta. Yo solo meneo mi cabeza en negación—. Tamam.
Veo como apoya su frente contra la cama, da un suspiro hondo y se levanta para sentarse. Su abdomen bien trabajado se visualiza perfectamente, la sábana se mueve, pero solo le cubre la parte baja de su cuerpo. Él se pasa una mano por su cabello, peinándolo hacia atrás. Abre sus ojos y me mira directamente.
Trago saliva al momento en que me ve.
— ¿Cómo quieres tomar esto? —Hace una pausa, muerde sus labios y niega—. Te pregunté si no estábamos tan ebrios como para hacerlo, y tú dijiste que lo hiciéramos igual. No fue obligado —explica con apuro.
De pronto recuerdo ese momento, frunzo mi ceño tratando de descifrar más y poder entender el cómo llegué a la cama de Akin, y el hecho de que ambos estamos desnudos.
¡Mierda! Sí acepté a estar con él... Los recuerdos de querer pasarla bien y dejar que los prejuicios de la gente se esfumaran de mi cabeza, me hicieron aceptar acostarme con el hombre a mi lado.
—Melissa.
—Estoy recordando algunas cosas... —Empiezo a decir—. Me siento un poco confundida, tengo el estómago revuelto y un leve dolor de cabeza. Yo... no sé qué decir.
—En la cocina hay un analgésico, te lo traeré —dice levantándose, pero se ríe al verse desnudo cuando pone un pie afuera de la cama. Voltea y me mira.
Puedo sentir mis mejillas arder, no paso desapercibida la desnudez de su cuerpo, pero de igual manera, miro hacia otro lado de la habitación. La alarma vuelve a sonar, pero Akin se acerca a la mesita de noche junto a su cama y la desactiva.
—Tatlı, çok tatlı, güzelim —dice antes de caminar por su habitación y buscar su ropa por el suelo. Por el rabillo del ojo veo que se pone un bóxer y sale de la habitación.
Tan dulce...
Me llevo las manos hacia mi cara, frotándomela para ver si estoy en un sueño erótico en donde Akin es participe. Pero cuando le veo venir con un vaso con agua, semidesnudo y sonriéndome, me doy cuenta que esto no es ningún sueño, es real. Ese hombre está luciendo su cuerpo bien ejercitado frente a mí.
—Toma —dice, dándome el vaso con agua y el analgésico—. Iré por tu ropa, está esparcida por la sala.
Arrugo mi cara y él se ríe. No dice más nada y se da la vuelta para irse de nuevo por el pasillo rumbo a la sala de estar. Trae mis cosas, las deposita en la cama y me mira.
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Dulce deseo
Chick-LitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
