Melissa
Los fuegos artificiales se escuchan desde afuera, ni siquiera los estoy viendo o festejando el año nuevo. He estado pensativa desde que Akın me dijo que quiere llevarme a Estambul. Estoy sentada en el mueble de la sala, con las piernas cruzadas sobre él y abrazando a un cojín. Debo lucir muy desorientada ahora mismo. Siento la presencia de Akın llegar, veo que se sienta en el otro mueble disponible, me mira con suspicacia. También le miro de vuelta. Ninguno dice algo, pero veo como Akın respira hondo y comienza a hablar.
—No quiero hacerte sentir mal, Melis... Solo que no quiero dejarte sola aquí. No en estos momentos, en el que todo es un caos. —Hace una pausa, tragando saliva y jugando con los dedos de su mano. Está sopesando qué decir—. Sé que tienes un pasado... Estuviste casada, tuviste una vida antes de que yo llegara a ti.
Luce tan preocupado que no quiero que piense que esto es sobre él. No lo culpo por querer llevarme con él, que me sienta bien luego de todo lo sucedido con Fred.
—Akın, detente, esto no es sobre ti. Yo... —Mi voz se quiebra, pero tomo una bocanada de aire y me doy la oportunidad de poder contarle qué sucedió en mi vida—. El hecho de que no quiera volver a Turquía es que allí me hicieron mucho daño cuando solo tenía veinte años.
Él no dice nada, supongo que espera a que le cuente todo. Veo que se da cuenta y dice—: Sigue, no quiero interrumpir.
Me cuesta contar todo esto. Mis manos sudan y mi respiración está entrecortada.
—Mi familia era muy conservadora en ese tiempo en el que vivía allá, toda nuestra vida era regida por la religión; ellos eran sumamente religiosos, más mi padre. Cómo sabes... Mi madre murió hace muchos años. Pero él se volvió a casar con una mujer muy... Religiosa también.
Los recuerdos se maximizan en mi mente, vuelven a retomar cabida en la pantalla de mi vida. Estaban guardados en un sitio muy recóndito en el que era imposible evocar. Sin embargo, aquí estoy, contándole mi historia al hombre que amo actualmente.
Esto no es fácil, pero es un modo de que me entienda.
—Entonces todo era Allah y los profetas, era autoritario y exageradamente estricto con mi vida, era la siguiente que debía casarse con quién ellos quisieran. Pero... Conocí a Ferit.
El rostro de Akın está serio, escuchándome con atención.
—Ellos no sabían eso, nunca les conté que estaba viéndome con alguien. Salimos como tres meses a escondidas, pero una cosa llevó a la otra y me quedé embarazada. —Bajo la mirada porque me da vergüenza, aún hay vestigios de sentirme culpable por no haberme cuidado en ese momento.
—Hey, no te avergüences, son cosas que pasan. —Akın se acerca a mi puesto y se sienta a un lado, me toma de las manos y les da un apretón.
—Mi familia sabía hasta cuándo el período me venía, estaban pendientes de mí. Un día, Namin, la esposa de mi papá, llegó diciendo que tenía dos meses sin menstruar, que había algo raro conmigo. Todo fue un caos.
Recuerdo perfectamente cuando Namin llegó a la mesa de comer dónde mi padre y yo estábamos comiendo un tentempié. De un momento a otro, todo se volvió gritos, bofetones y lágrimas. Mi padre era otra persona, decía cosas fuera de lugar, hasta ramera me gritó así sin más.
—Papá... Por favor, no me golpees más —ruego aún tirada en el suelo, él me ha abofeteado muchas veces, siento que mis mejillas están calientes y arden. Su rostro se acerca al mío, me toma del cabello y me grita—: ¡Eres una ramera! ¿Con quién demonios has estado acostándote? ¡Allah te castigará y arderás en las pailas del infierno!
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Dulce deseo
ChickLitMelissa Deniz es una directora de museo que está cansada de vivir una vida rutinaria, pero tampoco hace algo para cambiarla. Se divorció hace seis meses y aún no tiene claro qué será de su vida cuando su exesposo le dé la mitad del dinero del aparta...
