XVI

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La puerta del departamento de Nayeon se abrió con torpeza, el tintineo de las llaves se sentía más agudo que nunca, mientras dos ansiosas mujeres cruzaban el pórtico.

Con un solo jalón, Sana ingresó al hogar de la abogada, mientras sentía las manos de Nayeon sujetar sus caderas y empujarla contra la puerta.

— Mierda.— se quejó suavemente la menor ante el impacto de su cuerpo contra la fría superficie de madera.— ¿Desde cuándo estas tan ansiosa por follarme Im Nayeon?— preguntó con arribismo, esperando una cortante respuesta por parte de su tonta niñera, pero solo obtuvo un par de dientes enterrados en su fino y delgado cuello. Cerró sus ojos con fuerza y liberó un pequeño quejido, sintiendo como apretaba inconscientemente sus piernas.

— Shhh...— jadeó Nayeon con rapidez.— No digas ni una palabra, solo quiero escucharte gemir.— interrumpió la mayor mientras acercaba sus labios a los contrarios.— Ya te lo dije...— susurró lentamente.— Hoy te voy a arruinar Minatozaki.— habló por última vez la abogada mientras besaba a Sana con lentitud.

El cuerpo de Sana se desconcertó por un momento ante el beso. El ritmo y compás que marcaba la mayor era lento, profundo, mesurado. Era un beso íntimo, en donde podía sentir los labios de la abogada abrazar los suyos con calma, podía sentir la humedad de su lengua rozar la suya con prudencia, podía sentir un suave cosquilleo en su vientre, podía sentir las manos de Nayeon deslizarse hasta su trasero.

— Ahhh...— jadeó ante el toque suave de Nayeon, pero que pronto se convirtió en una caricia más brusca y familiar. Movió sus caderas procurando entregar su trasero al fuerte agarre de la mayor, sintiendo como pequeños espasmos invadían su clítoris.— Por favor...— habló con el aliento que parecía retener en sus pulmones.

—  Dime Minatozaki...— susurró suavemente Nayeon junto al cuello de la menor, mientras hundía su mano derecha en la entrepierna del vestido de Sana y acunaba con fuerza el sexo de la malcriada chica, procurando enterrar la yema de sus dedos contra su clítoris, obteniendo una exquisita convulsión en el cuerpo de la contraria.— Todo esto...— continuó aplicando presión sobre el clítoris de Sana.— ¿Es para mí?

Sana podía sentir como nuevamente su cuerpo se estremecía, como su sexo se empapaba ante los estímulos de su abogada, como la temperatura de su cuerpo parecía estar 30° más alta.

— Sí...— jadeó casi sin aliento.— Es todo tuyo, Im Nayeon.— suspiró.

— Joder.— habló suavemente Nayeon mientras comenzaba a lamer lentamente su cuello.— Voy a divertirme tanto contigo hoy, perrita.— continuó para luego deslizar dos de sus dedos por el costado de la ropa interior de Sana, sintiendo instantáneamente la humedad y calor del sexo de la menor.— Siempre lista para que te coja...— se burló.

Sus dedos se arrastraron por el sexo de Sana, recolectando su humedad en sus dedos, retirándose con calma de su entrepierna y llevando sus dedos contra la boca de Sana.

— ¿Vas a ser una buena chica y me dejarás hacer contigo lo que se me plazca, Minatozaki?— preguntó la mayor mientras embarraba los labios de la menor con su propia lubricación.

— Sí...— jadeó Sana, luchando contra su hábito de lamerse los labios, sin antes la instrucción de su abogada.— Úsame por favor...

— No tienes idea cuánto me excita tu obediencia Minatozaki.— lamió velozmente los labios de la contraria.— Últimamente solo siento deseos de follarte.

— Hazlo por favor.— suplicó tímidamente.

— Solo quiero arruinarte... una y otra vez... gimiendo para mi...— la lengua de Nayeon se interponía en cada frase que sus labios decidían, cada pausa, cada respiro, cada latido era interrumpido por la incesante lengua de Nayeon recorriendo el indefenso cuello de su presa.— Ve a la cama.

The Brat Tamer [+18] [SaNayeon]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora