No podía parar de correr; ver a Dante así me había impresionado muchísimo. No parecía él, tampoco parecía un lobo: era como una criatura monstruosa. Tampoco podía quitarme de la cabeza la conversación que escuché mientras hablaba con Break. Dante sabía que yo no tenía lobo, lo sabía desde un principio, pero no me dijo nada. Me estaba empezando a dar cuenta de que con Dante siempre era así: decía las cosas a medias. Pero, ¿qué era lo que me quería ocultar? ¿Por qué nunca me decía las cosas claras?
Sabía que Dante iba detrás de mí, podía oírle correr, pero yo no me iba a detener. No podía mirarle a la cara en ese momento.
Crucé el arroyo y atravesé una pared de piedra. No sabía dónde estaba, no conocía la zona, pero me daba igual. Un gran árbol se alzaba delante de mí, sus raíces sobresalían del suelo, pero no lo vi. Tropecé con una de las grandes raíces del árbol y caí al suelo, lo que le dio ventaja suficiente a Dante para alcanzarme.
― ¡Lobita, para!
― Quieto ahí, Dante, ni se te ocurra acercarte a mí. ―Cogí una rama de un árbol que había en el suelo y le amenacé con ella.
― Vamos, soy yo, sabes que no voy a hacerte nada malo.
― No sé quién eres, Dante, no sé por qué no paras de ocultarme cosas. No sé si puedo confiar en ti. ―Le estaba gritando, pero no podía evitarlo; tenía miedo, estaba confundida y enfadada con él―. Escuché tu conversación con Break: tú lo sabías, sabias que no tenía lobo, sabias que era diferente a vosotros y, aun así, me lo ocultaste. ―Hice una pausa y le miré fijamente a los ojos―. Lo que más me duele de todo es que me lo ocultaras cuando yo había confiado en ti y pensaba que eras sincero conmigo. ¿Por qué me trajiste a Claro de Luna? ¿Qué es lo que quieres de mí? Sé que hay algo oculto en todo esto.
― Es cierto que te oculto cosas, pero es por ti. Hay cosas que yo tampoco te puedo explicar, y hay otras que, aunque puedo explicarlas, no quiero hacerlo de momento por tu seguridad. No quiero aprovecharme de ti, no te traje aquí por eso. ―Según le iba escuchando hablar, mi cuerpo se relajaba poco a poco―. Es cierto que sabía que no tenías lobo, pero para mí eres un miembro de la manada. Tu olor es el nuestro, Kyria, el de nuestro Clan. Aunque tu lobo ya no esté contigo.
― ¿Qué significa eso? ¿Quiere decir que lo tuve? ―Esa última parte me había confundido.
― Hay cosas que no sé muy bien cómo explicártelas, no sin ponerte en peligro.
Estaba procesando todo lo que Dante me estaba diciendo. Noté que se iba acercando a mí; sus brazos se extendieron, iba abrazarme, pero la imagen suya que había visto mientras peleaba con Break volvió a venir a mi mente, tan real como si lo estuviera viendo en ese momento. Retrocedí hacia atrás y Dante se dio cuenta.
― No me tengas miedo, por favor. Lo que has visto antes, cuando me peleaba con Break, es a lo que me refería cuando te expliqué que hay situaciones en las que el lobo se apodera de la persona. Ni mi lobo ni yo podíamos permitir que hablaran así de ti.
Sus ojos eran sinceros. Dejé que se me acercara; le tenía muy cerca, tan cerca que podía sentir su respiración. Me agarró la mano y la entrelazó con la mía. Mi corazón no podía ir más deprisa; algo en mi interior me pedía que lo besara, que lo agarrara y que no lo soltara.
― ¿Que más te da a ti lo que digan de mí?
― ¿Todavía no te has dado cuenta?
Se acercó más a mí, apenas dos centímetros separaban su cara de la mía.
― Se quién es tu Luna, es Lucil. Te vi ayer con ella. ―Dante abrió mucho los ojos cuando se lo dije.
― Creo que te estás confundiendo, lobita. Lucil no es mi Luna, nunca podría serlo. Mi Luna está mucho más cerca, aunque todavía no se haya dado cuenta.
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Claro de Luna
FantasyHace 27 años, el Oráculo del Bosque de los Siete Sabios habló por primera vez después de siglos en silencio: "La primera niña nacida en Luna Nueva no será hija de la Luna. Ella tendrá su propia magia, y esa magia será la Luz en la Oscuridad. El fin...
