Hace 27 años, el Oráculo del Bosque de los Siete Sabios habló por primera vez después de siglos en silencio:
"La primera niña nacida en Luna Nueva no será hija de la Luna. Ella tendrá su propia magia, y esa magia será la Luz en la Oscuridad. El fin...
Vi cómo poco apoco Cancervero y todo su Clan iba desaparecían en la oscuridad. Cuando me aseguré de que se habían ido, me subí en el lomo de Dante y ambos salimos corriendo. No sabía dónde me llevaba, pero me daba exactamente igual, íbamos juntos, y eso era todo lo que me importaba. Corríamos sin detenernos en la oscuridad de la noche; la única luz que nos mostraba los caminos era la del brillo de la Luna y la de mi propio cuerpo.
Iba abrazada firmemente al cuello de Dante y, en ese momento, no había nada más; todo lo demás había desaparecido. Solamente estábamos él y yo. Nos dejamos llevar por el hechizo que la Luna ejercía sobre nosotros, permitimos que fuera ella quien tomara el control sobre nuestros cuerpos y nos liberamos. Dejamos que la naturaleza invadiera cada parte de nosotros. El tacto del aire, el olor del bosque, el sonido del agua y de los animales... nos sentíamos invencibles y libres.
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Cuando Dante se detuvo, se empezaba a ver cómo el Sol daba sus primeros rayos de luz por el horizonte, tiñendo el cielo de un color anaranjado mientras se fundía con lo que aún quedaba de la oscuridad de la noche.
Me bajé del lomo de Dante y él me observaba con una extraña curiosidad y fascinación.
― "Estás impresionante, lobita"
Levanté mis manos y me las miré, eran blancas, al igual que mis piernas y ambas partes de mi cuerpo brillaban, emitiendo su propia luz, era resplandeciente. Me agaché en el pequeño arroyo que corría a nuestro lado y miré mi reflejo en el agua. Mi rostro al ver mi reflejo fue de una absoluta sorpresa: mi pelo negro ahora era blanco, mi piel, mi cara, mi cuerpo... todo había cambiado completamente. Brillaba y emitía luz en lo que todavía quedaba de la oscuridad de la noche. Era como si todo mi cuerpo hubiera absorbido la luz y el resplandor de la Luna, convirtiéndolo en parte de mí. Mis ojos azules ahora eran plateados; incluso mi ropa había cambiado. El vestido que llevaba ahora también era blanco y apenas se diferenciaba de mi piel. Tocaba mi cara con mis manos, no podía creer lo que veía.
― ¿Soy yo?
― "Eres tú. Creo que es a esto a lo que se referían cuando hablaban de tu despertar" ―Dante hizo una pausa mientras me miraba fijamente, y podía notar la adoración que sentía por mí en ese momento―. "Cuando yo desperté me convertí en lo que ves ahora, pero tú... tú te has convertido en una diosa."
― ¿Y qué tengo que hacer ahora, Dante? No sé... no sé cómo usar este poder, cómo utilizar este cuerpo.
Era la primera vez en toda la noche que realmente era consciente de todo lo que había pasado. Ya no notaba la influencia de la Luna sobre mi cuerpo. Mi mente volvía a ser mía, y fue entonces cuando empecé a sentir el miedo, inseguridad e incertidumbre. No entendía muy bien lo que había pasado ni en lo que me había convertido. Aunque sabía que esto iba a pasar, necesitaba asimilarlo; necesitaba que me ayudaran a aprender a utilizar toda esta nueva magia que habitaba en mi interior.
― "Aprenderás, amor, como yo aprendí a ser lo que soy. Estás destinada a ser lo que eres, a hacer grandes cosas. No sientas miedo, todo pasará y serás tú quien tome el control de todo el poder y la fuerza que posees. Edon te ayudará a eso, y yo te ayudare también en todo lo que pueda."