CAPÍTULO 29

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― ¡Kyria, corre! ―Gertru me gritaba; estaba bastante alterada y muy nerviosa.

― ¿Qué pasa? ¿Por qué tanta prisa?

― Es Esme, necesito tu ayuda.

Me vestí a toda prisa mientras Gertru no paraba de moverse de un lado a otro, poniéndome a mi más nerviosa todavía.

― ¿Qué le ocurre?

― Es el bebé, algo no va bien.

Salí de la habitación completamente vestida y las dos salimos a la calle.

― ¿Qué pasa con el bebé?

― Esme está sangrando, creo que vamos a tener que hacer una cesárea de urgencia y necesito que me ayudes.

― Pero el bebé es muy pequeño todavía.

― Igual que tú cuando naciste ―Gertru me contestó un poco mal, pero no quise decirle nada porque sabía que estaba muy afectada. Ella se dio cuenta y dio un suspiro antes de seguir hablando―. Ve a la cabaña de Esme; yo iré a por el material que necesito al consultorio. Tranquilízala, sabes cómo es y ahora mismo no se encuentra bien, necesitamos que esté lo más tranquila posible. Venga, corre, ahora os veo.

Corrí hacia la cabaña de Esme tal y como Gertru me había pedido. Cuando llegué allí, abrí la puerta de su cabaña y entré. Nada más pasar escuchaba sollozos y fui a su habitación. Allí estaba Esme llorando, tumbada en su cama; no sabía muy bien qué decirle, lo único que quería era tranquilizarla.

― Esme, he venido a ayudar.

― ¿Por qué tiene que pasarme todo a mí? ―Se tocaba la tripa con las manos―. Me levanté por la mañana como todos los días y fui al servicio... entonces es cuando lo vi... había manchado, me asusté y salí a la calle. Allí estaba Viktor, el niño que siempre juega con el balón, y le dije que llamara a Gertru para que viniera.

― Y Gertru vino después y me buscó.

― Sí. Desde entonces estoy aquí... tumbada en la cama y llorando... porque no puedo hacer otra cosa.

― Gertru no tardará en venir, ha ido a coger todo lo que necesita.

― Ha sido un embarazo tan complicado... tal vez no tenía que haber pasado nunca.

― No digas eso, claro que tenía que haber pasado.

― ¿Pero y si pasa algo? ¿Y si él bebe sale mal? ¿O le ocurre algo? Todavía no tenía que nacer, es demasiado pronto.

― Yo nací también con siete meses y también fue una cesárea de urgencia, y aquí me tienes. No tiene por qué salir mal.

― No lo sabía.

― Gertru me lo contó; fue ella quien asistió a mi madre.

Le di un abrazo; lo único que quería transmitirle era tranquilidad, que supiera que estaba ahí a su lado y que no pensara en todo lo que podía salir mal.

Gertru apareció por la puerta con un maletín enorme. Cuando Esme la vio aparecer, abrió los ojos como platos.

― ¡Oh no! Y encima el estúpido de Break no está aquí a mi lado.

Gertru colocó más almohadas detrás de la espalda de Esme para que estuviera más cómoda; después sacó un frasco de su maletín y se lo puso a Esme debajo de la nariz.

― Ahora tienes que respirarlo.

Esme hizo lo que Gertru le había dicho y, al poco tiempo se quedó profundamente dormida.

Claro de LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora