CAPÍTULO 21

289 30 25
                                        

― Corre, Kyria, corre, ¡ya están aquí! ―Esme me gritaba por una ventana que tenía abierta―. ¡Vamos, sal ya!

Salí corriendo de la cabaña; nada más salir pude ver desde lejos que en la plaza estaban los cinco hombres que se habían marchado hacia el Clan de los Lobos Blancos, y todos ellos estaban rodeados de gente del Clan que les vitoreaba.

Eché a correr todo lo deprisa que mis piernas podían; allí estaba Dante. Cuando él me vio correr, también salió corriendo a mi encuentro, y cuando por fin lo tenía al lado, salté encima suya; el me cogió con sus brazos y nos besamos.

 Cuando él me vio correr, también salió corriendo a mi encuentro, y cuando por fin lo tenía al lado, salté encima suya; el me cogió con sus brazos y nos besamos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

― Por fin estás aquí.

― He restado cada uno de los segundos que quedaban para poder verte. ―No podía parar de besarle; le tocaba la cara, le abrazaba... solo habían pasado dos días, pero para mí habían sido como una eternidad. ―Voy a tener que irme más veces para que me recibas así, lobita.

― Eres un tonto.

Dante me bajó al suelo y cogió mi mano; me llevó donde se encontraban el resto de los hombres, y allí toda la gente del Clan les estaba rodeando.

― ¡Escuchadme todos! ¡La misión ha sido un éxito! ―Todo el mundo aplaudía, incluida yo.― ¡En los próximos días, la gente del Clan de los Lobos Blancos y su Alfa, Atheneus, se unirán a nuestro Clan! ―Más aplausos sonaban, también se oían silbidos; toda la gente estaba eufórica.― Tendremos que hacer una zona de acampada para todos los clanes que se unan a nosotros; será aquí, en nuestro Claro de Luna, donde se unifiquen todos los clanes y nos prepararemos juntos para la batalla. En mi próxima salida, Atheneus también nos acompañará. Partiremos mañana, después de que se acomoden, y partiremos hacia el Clan del Trueno. ¡Y también los incorporaremos a nuestra lucha! ―Una vez más, la gente gritaba y aplaudía como loca a su Alfa.― ¡Esta noche habrá una fiesta para todos!

Gritos de "¡Viva nuestro Alfa!", "¡Dante, eres grande!", entre otros, sonaban por todo el Claro. Dante hizo un gesto con la mano pidiendo silencio.

― Id a hacer vuestras tareas y después id todos a prepararos. ¡Nos vemos esta noche!

La gente se fue dispersando poco a poco, hasta que al final nos quedamos los dos solos. Dante me agarró por la cintura.

― ¿Y tú dónde vas? ―Me besó.

― A la cascada, tengo entrenamiento con Edon.

― ¿Luego nos vemos, entonces?

― Por supuesto.

Aunque me dolía en el alma tener que despedirme de Dante después de estos días separados, le dejé y me fui a la cascada. Como ya empezaba a ser tradición, Sunny voló a mi hombro cuando me vio dirigirme hacia allí. Cuando llegué allí todavía no había nadie, cosa que me resultó extraña, porque Edon siempre era puntual y ya era más tarde que otros días. Me senté allí, en el suelo a esperarlo. Pasaron quince minutos y todavía seguía sin llegar.

Claro de LunaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora