CAPÍTULO 28

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― ANTES DE LA APARICION DE KYRIA EN CLARO DE LUNA ―

― EDON ―

Cancervero iba a por Kyria; tenía que avisar a Alarick y no tenía tiempo que perder. Tenían que salir de allí, irse a otra parte y, bajo su punto de vista, donde más seguros estarían es en Claro de Luna. Muchas veces lo había comentado con Alarick después de descubrir que Kyria tenía una relación con Cancervero, y parte del plan que habían tramado era llevarlos allí a ambos, si todo salía bien. Pese a que Alarick tuvo que huir de allí con Kyria cuando solo era un bebé por culpa de la profecía, ahora había cambiado todo y no podían seguir solos; en el Claro tenía a su gente, a su manada, y ellos les darían protección.

Llevaba tiempo acechando el Clan de Cancervero con mucha frecuencia. Desde el comienzo de la relación de Cancervero con Kyria sabía que algo pasaba; estaba seguro de que tarde o temprano intentaría poner fin a su vida y Edon no podía permitir que el tiempo pasara sin hacer nada. Por eso, desde hacía un año, pasaba día y noche vigilando el Clan entre las sombras, para poder avisar en el primer momento en el que viera que pasaba algo.

Había sido hace dos días, mientras merodeaba el Clan, cuando se topó con dos de los hombres de Cancervero. Su experiencia de lobo viejo hizo que se escondiera rápidamente antes de que pudiera ser visto. Ahí fue cuando los escuchó hablar: Cancervero iba a matar a la chica, ya se había cansado de jugar con ella y quería acabar con la profecía y con todo lo que tuviera que ver con ella. El oráculo no había vuelto a hablar, lo que quería decir que la profecía seguía su curso y que, aunque él no había visto nada especial en esa humana, quería acabar con todos esos rumores.

Nada más escuchar eso, Edon no se lo pensó dos veces, en cuanto los hombres se fueron el salió de su escondite y echó a correr hacia el Bosque de los Siete Sabios. Necesitaba prepararse y coger todo lo que pudiera para ayudar a Alarick.

Tardó en llegar al Palacio de Los Sabios; el Clan de Cancervero quedaba muy retirado de allí, pese a que corrió lo más rápido que podía. Cuando llegó al palacio no se encontró con ninguno; lo más seguro es que estuvieran meditando, ya que es lo que solían hacer la mayor parte del tiempo, pero era mejor así. No quería ser visto, no quería que lo entretuvieran y tener que dar explicaciones; cuantas menos personas supieran todo lo que pasaba, más a salvo estaría Kyria.

Edon entró en la sala de las armas. Normalmente ninguno de ellos solía entrar allí. Cogió un arco y una daga; necesitaba armas para estar preparado frente a todo lo que podía pasar. Después fue a una habitación donde guardaban todo tipo de hierbas medicinales que solo crecían en el Bosque de los Siete Sabios, ungüentos y frascos; en esa sala podías encontrar de todo. Había frascos que, si una persona tomaba el líquido que contenían, podía decir absolutamente todos sus secretos; otros que servían para curar muchos tipos de envenenamiento, y otros que tenían la capacidad de borrar todos tus recuerdos, y ese último era el que estaba buscando.

Esa sala era absolutamente secreta; solamente Los Sabios o personas que habían estado ante fuerte peligro o situaciones muy traumáticas conocían de su existencia, y que llegara a oídos de personas equivocadas podía causar un gran daño a todos los Clanes.

Edon cogió el pequeño frasco que buscaba y se lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Ya lo tenía absolutamente todo preparado para poder partir.

― No me gustan los secretos, Edon.

Una voz sorprendió a Edon cuando ya se iba; se dio la vuelta para mirarlo.

―Filtiarn.

― Puedo sentir que tus intenciones son buenas, pero no se roba en tu propia casa.

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