Hace 27 años, el Oráculo del Bosque de los Siete Sabios habló por primera vez después de siglos en silencio:
"La primera niña nacida en Luna Nueva no será hija de la Luna. Ella tendrá su propia magia, y esa magia será la Luz en la Oscuridad. El fin...
Gertru y yo nos sobresaltamos; no lo habíamos oído llegar.
― ¡Dante! ¡Qué susto! ¿Ya habéis vuelto? Al final, ¿qué ha pasado con...?
― Todo bien, Gertru. No es momento para preguntas.
La cortó sin dejarla terminar. No dejaba de mirarme fijamente. Tenía una mirada severa y autoritaria, que me hacía sentir incómoda... pero, al mismo tiempo, había algo en ella que me resultaba familiar, algo que me atraía hacia él.
― Veo que ya te despertaste
― Sí ―fue lo único que pude responder.
― Como ya habrás escuchado, soy Dante, líder de la aldea de Claro de Luna. Y tú y yo, querida Kyria, creo que deberíamos tener una pequeña conversación. ―Desvió la mirada hacia Gertru―. Gertru, puedes irte. Yo llevaré a Kyria a su cabaña.
― Claro que sí, Dante. Luego nos vemos, mi dulce niña. ―Gertru me dio un beso en la mejilla antes de marcharse.
Me dejó a solas con Dante. Mientras él miraba cómo se alejaba Gertru, yo lo observaba a él. Era alto, muy alto y musculoso. Llevaba el pelo corto y oscuro, y tenía los ojos más negros y profundos que había visto jamás. Tenía una barba incipiente que le daba un aire atractivo. A través de la camisa semiabierta se dejaba ver un collar con forma de media Luna. En sus brazos asomaban tatuajes; uno de ellos era un ciclo Lunar.
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― Sígueme
Lo seguí en silencio hasta llegar a dos cabañas apartadas del resto. Eran preciosas: una más grande que la otra, aunque por fuera eran exactamente igual. Ambas eran de madera y tenían dibujos tallados; la más pequeña se distinguía porque en la entrada tenía unos dibujos con apariencia muy antigua. Tenían un porche con un banco de madera, y a su alrededor había muchas flores.
Dante se aproximó a la cabaña más pequeña, sacó una llave y abrió la puerta.
― Esta es tu cabaña. No es grande, pero creo que tendrá lo suficiente para que estés cómoda. Al fondo del pasillo tienes una habitación; aquí está el baño y, en el otro lado, la cocina y el salón.
― Espera... ¿me estás diciendo que esta cabaña es mía?
― Sí, eso he dicho.
― Pero... ¿por qué? ¿A qué se debe todo esto? No entiendo nada. No te conozco, no conozco a nadie, no sé qué hago aquí. ―No lograba salir de mi asombro; no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando ni por qué actuaban así conmigo―. Solo sé que me desperté tirada en el suelo, malherida, y que me volví a desplomar. Y de repente aparecí aquí con Gertru, sin saber nada, sin entender nada.
― Hablas mucho y preguntas mucho.
― ¿Será porque quiero, necesito y exijo respuestas? ―estaba cansada de que nadie me dijera nada. Lo miré desafiante―. Estoy harta de que nadie me dé explicaciones. Quiero que me contestes, y quiero que sea ahora.
Dante no se esperaba que le plantara cara. Pude notar que en sus ojos negros brillaba una chispa de... ¿ilusión?
― Tranquila, pequeña lobita, vamos poco a poco. ―Por un momento dejó a un lado su tono serio y autoritario―. Como te he dicho, yo soy Dante, líder de la aldea...
― Sí, Claro de Luna. ―Lo interrumpí con impaciencia―. ¿Puedes decirme algo que no me hayan repetido treinta veces?
― Schhhhhh... no me interrumpas y escucha. Nuestra aldea está limitada. Mientras vigilaba las fronteras te encontré tirada en el suelo, semiinconsciente. Al principio pensé que eras un atacante, pero pronto vi que no lo eras, lobita. Te traje aquí para que Gertru te cuidara y pudieras recuperarte. Has estado cuatro días con fiebres altas y delirios. Llegamos a temer que no sobrevivieras. Pero aquí estás, y eso es lo que importa. ―Hizo una pausa y continuó―. Respecto a por qué estabas allí tirada, no te puedo darte respuestas. No sé qué pasó antes, no sé si huías de alguien. Lo único que puedo decirte es que aquí estarás a salvo, pase lo que pase. Estas bajo mi protección.
― Pero ¿cómo puedo saber quién soy? Necesito saber de dónde vengo, qué me pasó y porque aparecí aquí. No tengo recuerdos de absolutamente nada antes del momento en el que desperté, y lo único que sé es mi nombre.
― Tranquila lobita. Si te quedas podremos averiguar las cosas poco a poco. Yo te ayudaré. ―En su mirada podía ver que hablaba enserio, que no mentía―. Eso sí, también necesito que sepas algo. Estamos viviendo tiempos difíciles; si decides quedarte, no podrás salir de los límites de la aldea. De momento no puedo contarte más. Pero tienes que prometerme que, si te quedas, me harás caso y no saldrás.
Lo miraba fijamente, sin saber qué hacer. ¿Me quedaba allí con unos auténticos desconocidos o huía? Una voz dentro de mí susurraba que debía quedarme. Había algo en aquel lugar que llamaba mi atención, que me decía que era mi tierra, que yo pertenecía allí.
― Está bien, me quedaré ―asentí finalmente―. Acepto tus condiciones, Dante. Prometo que no saldré de los límites de la aldea. Y espero que cumplas tu palabra y me ayudes a resolver todo, como me has dicho.
― ¡Eso es estupendo lobita! ― ¿Había sonreído? Sí, sí, sí, estaba segura de que lo había visto sonreír―. Te ayudaré, resolveremos las cosas. Te dejo tranquila para que te instales y conozcas tu cabaña. Si necesitas algo, vivo en la cabaña de al lado.
En ese momento apoyó su mano sobre mi hombro y, de repente un chispazo eléctrico recorrió todo mi cuerpo, seguido de una sensación de calor. Él también lo sintió: retiró la mano de golpe y se la frotó con la otra.
Me miró fijamente y me regaló una sonrisa de lado.