CAPÍTULO 2

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Al llegar a la clase donde nos impartirán cada día las asignaturas, me ha sorprendido ver una notable división: diez mesas a un lado y diez al otro. Sigo a las chicas hasta las mesas del lado izquierdo, todas toman asiento allí y Eva, la chica de pelo castaño y flequillo recto rozando sus ojos que me llevó hasta el dormitorio, me señala uno libre a su lado.

—Este es el de Sofía, pero hasta que salga de la cueva puedes ocuparlo y así no estar sola.

La verdad es que es imposible sentirme sola teniendo a siete chicas sentadas a mi alrededor intentando interactuar conmigo, aunque a mí no me apetece nada. No he venido aquí a hacer amigas, ni tampoco tengo ningún interés en estudiar. Solo quiero irme cuanto antes, hacer que me echen aunque eso me cueste pelearme con estas chicas por tener que pagar el castigo por mi culpa. Todo me da igual.

—Esta es la única clase que organiza las mesas de esta manera —me explica Eva sin haberle preguntado siquiera y, a continuación, señala con un despectivo gesto de la cabeza a las otras mesas que también se van llenando poco a poco—. Aquel lado es del grupo de Verónica.

—No nos hablamos con ellas —dice ahora la chica negra sentada en el asiento delante del mío—, solo para insultarnos.

—Y siempre empiezan ellas —añade la chica delgada y con gafas sentada a su lado.

—¿Por qué estáis peleadas? —pregunto con cierta curiosidad.

—Por Verónica y Sofía —dice Eva—. Digamos que son las líderes de cada grupo, y entre ellas se llevan a matar, así que sus amigas también.

—Eso es un poco de niñateo, ¿no?

—Pues lo que somos, unas niñatas adolescentes —contesta la chica de pelo corto con flequillo a un lado que se ha sentado en el borde de mi mesa.

—Habla por ti —se queja a la que llamaron vieja en el dormitorio, tiene el pelo rubio apagado, recogido en una sencilla coleta—. Soy Elena, por cierto —se presenta entonces y mira a la compañera que tiene sentada a su lado, una chica con varios lunares en la cara y que no recuerdo haberla escuchado hablar antes.

—Yo soy Marina —dice ella con la mirada baja, se la ve muy tímida a diferencia de las demás.

—Zoe —se presenta a continuación la chica negra.

—Yo Nuria —le sigue la chica de gafas.

—Y yo Lucía, encantada —habla ahora la del pelo corto—. Y ella es Dani —señala a la chica de pelo rapado sentada detrás de Eva.

—Elle —la corrige rápidamente y pasa a hablarme a mí ahora—. Mis pronombres son neutros.

No disimulo un gesto de sorpresa que hace reír a las demás, aunque no lo he hecho con ninguna intención de reírme de ell... ¿elle? La verdad es que nunca había conocido a una persona no binaria, así que tendré que acostumbrarme a hablar en neutro con... Dani. Sí, será mejor que me refiera siempre por su nombre para evitar equivocaciones.

Me doy cuenta entonces de que falta otra chica que estaba antes en el dormitorio. Sus enormes ojos verdes no pasaron desapercibidos para mí.

—En el dormitorio había otra chica —comento buscándola por la clase, pero no la veo por ningún lado.

—Es Carla, aunque todas la llamamos Bebé porque es la menor de nuestro grupo, tiene quince —me informa Eva, siendo una vez más la portavoz de las demás—. Por eso no está en nuestra clase ni duerme en nuestro dormitorio, pero se pasa más tiempo con nosotras que con su grupo.

—Ahora te toca decirnos quién eres —comenta Lucía haciendo que todas me miren expectantes.

—Soy Valeria y no estoy aquí por gusto.

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