CAPÍTULO 22

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Todavía no puedo creerme lo que Lucía, en un acto de confianza plena hacia mí y también de desahogo para ella, me confesó anoche tras uno de nuestros tantos momentos de pasión. Esta vez fue diferente de otros encuentros que hemos tenido, no había tanta lujuria como sí cariño y dulzura. Entendí en seguida que Lucía necesitaba eso y fue lo que le di. Antes de quedarnos dormidas Lucía comenzó a explicarme entre lágrimas de culpa y miedo lo que lleva meses atormentándola. No estaba en mis planes que acabara confesándome lo que le hicieron ella y sus amigas a Celia Muñoz, la antigua profesora de matemáticas, pero parece que nuestra conversación por la mañana sobre cómo era realmente esa mujer la acabó influenciando para contármelo en un intento desesperado por sentir alivio.

Por supuesto que reaccioné de la mejor manera posible a sus ojos, mostrándole mi apoyo y comprensión, aunque el motivo que las llevó a matarla no me resultó difícil de entender. Celia era una abusadora, aprovechaba el poder que tenía sobre Marina para grabarla forzosamente en ropa interior o incluso desnuda. Lucía me aseguró tener pruebas de esto en el móvil de Celia, ya que se lo quedaron y mantienen escondido en el cobertizo. Debe ser el móvil que encontré allí de casualidad, aunque me ha mentido al decirme que sigue allí, pues cuando fui a buscarlo la última vez ya no estaba.

No sabe si además de a Marina hacía daño también a alguna otra alumna de la Fragua, quizás en el móvil encuentre la respuesta, pero no quise arriesgarme a preguntarle nada y sospechase de mi notable interés. Solamente dejé que me contara mientras yo la escuchaba pacientemente, al menos en apariencia, porque internamente deseaba hacerle miles de preguntas.

En cuanto me confesó todo se quedó dormida igual que si se hubiera quitado un grandísimo peso de encima y pudiera descansar aliviada, pero a cambio fui yo la que no durmió. No he parado de darle vueltas a todo lo que me ha contado y tuve que resistir las terribles ganas de apuntarlo todo en los archivos del caso que tengo bien escondidos en mi cuarto. En cuanto Lucía dejó mi habitación antes de que amaneciera, apunté todo rápidamente y me preparé para ir en busca de la directora. Es mi deber contarle todo lo que he descubierto para que llame a la policía y reabra el caso.

El móvil lo tienen esas chicas y el cuerpo de Celia Muñoz está enterrado en el bosque. Fue asesinada después de que unas alumnas de la Fragua la descubrieran abusando de una menor. Las chicas, por miedo a ir a la cárcel al cumplir la mayoría de edad, decidieron enterrarla y hacer ver que no sabían nada del paradero de esa profesora en el mes y medio que la policía estuvo en la Fragua buscando pistas sobre dónde podría estar la profesora de matemáticas.

Fue una total imprudencia por parte de esas chicas matar a la profesora por muy grave que fuera lo que estaba haciendo con esa alumna. Lucía no ha querido decirme quién de sus amigas carga con el mayor peso de la responsabilidad por ser la asesina, solo me dijo que todas son igual de responsables, aunque yo difiero de esto totalmente. A ojos de un juez los cargos que podrían caerles serán diferentes dependiendo de cuánto hayan participado en el crimen.

Por otro lado, el temor que me surgió cierto día al pensar que podría estar acostándome con la implicada en la desaparición de Celia Muñoz se ha cumplido muy a mi pesar, aunque ella me ha asegurado que no fue la que la mató, simplemente participó en enterrarla y ha estado guardando el secreto hasta ahora. No paraba de llorar explicándome lo duro que ha sido para ella, y para todas en general, callarse por tantos meses y pensar en que deberán seguir haciéndolo por el resto de sus vidas, en el miedo que sentían cuando veían a los policías pulular por el centro y hacerles preguntas sobre la profesora, en las noches sin dormir reviviendo ese fatídico momento en su cabeza.

Siento lástima por ella y las demás, no son más que unas crías que se encontraron ante una situación en la que actuaron de manera irracional y que tuvieron que tomar una drástica decisión en solo unos minutos por el bien común para ellas. No querían añadir más problemas a los suyos, otras no querían preocupar y decepcionar a sus padres, y la pobre de Marina, la única víctima de lo ocurrido, solo quería olvidar el calvario por el que esa profesora le hizo pasar durante meses.

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